POESÍA. NARRATIVA. INFORMACIÓN LITERARIA. CONCURSOS. AUTORES CLÁSICOS Y NÓVELES

Autora del Blog:
BEATRIZ CHIABRERA DE MARCHISONE


Puedes pedir los libros de la autora al mail: beamarchisone@gmail.com (envíos a todo el país)

LIBROS PUBLICADOS POR LA AUTORA
(poesía y narrativa)
"DE LOS HIJOS" (2014)- Ediciones Mis Escritos (Bs. As.)

Los encontrarás:
En Rafaela (Santa Fe): en Librerías "EL SABER", "PAIDEIA" y "FABER".
En San Francisco (Córdoba): en Librería "COLLINO"
y en otras librerías del país.


sábado, 31 de diciembre de 2011

La ola (de la autora)

"La ambición jamás se detiene, ni siquiera en la cima de la grandeza."
Napoleón Bonaparte.

Comenzó muy lentamente,
con un leve movimiento,
se acercaba y se alejaba
siempre llevando y trayendo,
haciendo un ligero ruido,
como creando misterio,
como planteando un enigma,
sin revelar su secreto.

Nadie supo bien la causa
del aumento de su fuerza,
que fue creciendo de a poco,
sin encontrar resistencia,
un impulso muy extraño
como extraña era su esencia
que comenzó a causar daños
con su dañina potencia.

Ya nada pudo pararla,
arrastró casas y gente,
arrasó con las ideas
de honestos y de inocentes,
castigó a los indefensos,
poderosos e indigentes,
ya nadie quedaba al margen
de la nociva corriente.

Quedó demasiado poco
sólo trozos y fragmentos,
sólo pedazos y piezas
todos sueltos por el suelo,
todo fue ruina y desastre,
destrucción, decaimiento,
y luego se detuvo el ruido,
y se alejó simplemente,
con un leve movimiento.


Publicado por la autora en el libro "FOTOGRAFÍAS DEL ALMA" - Rafaela- 2011- Edición de autor  

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Hay manos (de la autora)

Hay manos que orientan los caminos,
algunas acarician, otras calman,
curan las heridas de los cuerpos castigados
aunque ellas lleven cicatrices en el alma.

Hay manos con habilidades y experiencias,
que la vida fue entrenando a cachetadas,
sin educación formal y sin escuela,
sus cayos, sus arrugas las delatan.

Hay manos que parecen tan distintas,
manos mestizas, manos negras, manos blancas,
lo mismo sirven para propiciar una caricia
o contestar con una fuerte bofetada.

Hay manos ruidosas y manos silenciosas,
manos que se expresan sin palabras,
manos sinceras, que aplauden con conciencia
y otras que aplauden cuando son recompensadas.

Hay manos limpias… y también hay manos sucias
que no se limpian tan solo con lavarlas,
y andan así, como si nada,  por la vida,
con el corazón quieto y las manos bien manchadas.

Hay manos que castigan y dominan,
a un país que produce y pelea por su patria,
aquellas que dirigen con un dedo
el futuro impredecible de un pueblo que trabaja.

Hay manos que no pueden decidir su propia vida,
manos con esposas, inmóviles o atadas,
que jamás llegarán al final de su camino,
por aquellas que firman decretos u ordenanzas.

También hay muchas manos con historias
que ya nunca podrán ser descifradas,
aquellas que llevaron los secretos a sus tumbas,
grabados  con fuego en las líneas de sus palmas.

Y están las otras manos, más pequeñas,
sinceras, inocentes y aún no contaminadas,
descubriendo, de a poco, un mundo real que las golpea
y que va dejando huellas profundas en sus almas.

Hijo, conserva tus manos eternamente puras
y bríndalas, cuando sean necesarias,
y por las noches, júntalas en un ruego permanente
por mantenerlas siempre libres y sin manchas.
                                                              
Publicado por la autora en el libro “SENTATE QUE TE CUENTO”- Editorial De los cuatro vientos- Bs.As- 2009    

miércoles, 21 de diciembre de 2011

La imagen (de la autora)


Vírgen del Campanario (Chilecito- La Rioja)
     Confieso que fui al lugar con una total incredulidad con respecto a lo que me dijeron que se veía. Lo hacen como una forma de atraer al turismo, pensé.
    Esa mañana, cuando llegamos a Chilecito, fuimos directamente a la oficina de información para averiguar sobre los paseos o excursiones que podríamos realizar durante nuestra corta estadía. La empleada nos marcó en el mapa de la ciudad los recorridos panorámicos, históricos y culturales que forman parte del circuito turístico: las bodegas y viñedos, las antiguas estaciones del cable carril que aún llega a la cima de la montaña y con el que los ingleses transportaban el oro que extraían de la mina “La mejicana” a principios de siglo, la visita a los últimos lavadores de oro en Famatina y el jardín botánico de cactáceas. Pero antes de irnos de la oficina nos contó que había una visita nocturna que no podíamos dejar de realizar. En la Capilla Santo Domingo, cuando cae la noche, nos dijo, se ve la imagen de la Virgen María reflejada dentro del campanario. Nos miramos atónitos ya que ninguno de nosotros había tenido una experiencia semejante de poder ver este tipo de apariciones, si es que así podíamos llamarla. Decidimos que esa misma noche iríamos a la capilla frente a la plaza.
     A la tardecita, luego de volver de nuestra jornada de turismo y bañarnos, fuimos al centro de la ciudad esperando con ansias las luces de la noche para nuestra visita religiosa. En seguida la localizamos, blanca, pequeña y bien iluminada y con una torre en su costado izquierdo, dentro de la cual se halla la campana. Había gente sentada en sillones en la vereda de la plaza que da a la entrada principal de la parroquia y otros tantos parados, con la vista fija en el campanario. La calle estaba cortada a la circulación de vehículos para que las personas pudieran acercarse y observar con tranquilidad. Con ansiedad, nos dirigimos hacia allí en un paso apresurado, siempre mirando hacia arriba, como no queriendo dejar escapar lo que podíamos llegar a ver, convencidos de que “si hay gente mirando es porque algo se ve”. A medida que nos acercábamos notamos que algo blanco resaltaba dentro de la torre oscura. Y allí estaba. Claramente se veía la imagen de la Virgen orando, con las manos juntas, apoyadas sobre un púlpito y con la cabeza levemente inclinada hacia adelante. Aunque no era mi caso, algunos decían que se veía también una paloma posada sobre el púlpito. Lo primero que se cruzó por nuestras mentes, confirmando nuestra inmediata incapacidad de aceptar el fenómeno, fue que había una estatua de yeso dentro de la torre, por la claridad tridimensional de la imagen. Sin embargo, los vecinos de  la ciudad que se encontraban en el lugar nos aseguraron que era un reflejo de luz en la pared plana, cuyas perfectas luces y sombras formaban esa bella aparición, que no había dejado de verse desde la primera vez que ocurrió, el 29 de septiembre de 2006. Sólo desaparecía con las primeras luces del día. Se me puso la piel de gallina y se me llenaron los ojos de lágrimas. Un aluvión de preguntas que, sabía que no tendrían respuesta, me invadieron de pronto. ¿Cómo podía ser que esto tan maravilloso ocurriera, justamente, dentro del campanario de la capilla? ¿Por qué había comenzado a verse de un día para otro sin haber cambiado la iluminación que daba a la torre? ¿Me creerían cuando contara lo que vi? ¿Entenderían lo que sentí? “Dichosos los que creen sin ver”, había dicho Jesús. Las preguntas estaban de más. Las respuestas también. Además, no importaban. Sólo quedaba entender que desde la aparición de la imagen de la Virgen ya nada había sido igual para la gente de Chilecito. “No fue un día más” se lee al pie de una pintura que se encuentra dentro del templo y que refleja lo que ocurrió esa mágica jornada. Es un signo mariano con un mensaje de esperanza, nos dijo una mujer, mientras miraba hacia la torre. Fue suficiente ver la sonrisa en su cara y la luz en sus ojos transmitiendo la alegría de saber que, esta vez, ellos… habían sido los elegidos.

Publicado por la autora en el libro "FOTOGRAFÍAS DEL ALMA" - Rafaela- 2011- Edición de autor                                                

viernes, 16 de diciembre de 2011

Casi desbordas (de la autora)

Dijo Charles Darwin de Chile:
“¡qué admirable país para recorrerlo a pie!”

Casi desbordas de la cartografía
serpenteantes, finas se dibujan tus tierras,
como cayéndose de pronto al mar,
en las aguas que enfrían esas costas eternas.

Deambulan las gaviotas por tus playas doradas
llevando recados de Arica a Punta Arenas,
los Andes te custodian, emergentes testigos
de las huellas dejadas por pasiones y guerras.

Los balcones de Viña redundan de malvones,
inspirando el fervor del cantor y el poeta,
como el eterno Pablo, que pintó con palabras
las heridas del alma, el amor por la tierra.

Más allá de las llagas, a pesar de los golpes,
orgullosa, altiva, flamea tu bandera,
y fluye sangre joven, que aviva el fuego nuevo
que corre por las venas de la estirpe chilena.

Publicado en el libro "FOTOGRAFÍAS DEL ALMA" - Edición de autor- Rafaela 2011

jueves, 8 de diciembre de 2011

La zorra (de la autora)

Esta es la historia de una zorra, que trajeron, hace un tiempo, del campo al pueblo y no tardó en adaptarse como parte nuestra comunidad. Se instaló en un sector que, podríamos decir, es donde hay más movimiento y la entrada obligada para todo el que llega a Clucellas, un pequeño pueblito agrícola-ganadero de la provincia de Santa Fe, en Argentina. Comenzamos a llamarla “La Zorri”.
En seguida se ganó la simpatía de todos los vecinos, incluso de las sociedades canina y felina que habitaban el barrio y que la tomaron como un entretenimiento diferente, ya que frecuentemente se la veía jugar con integrantes de estos dos grupos. Era común verla transitar por patios y jardines o frentes de casas, cuyos dueños trataban de no hacer ruido para no espantarla, y mantenerla un ratito más, como si fuera su mascota. Nadie sabía bien donde dormía porque siempre “aparecía” y todos le daban de comer. Cuando veía que alguien le traía comida, se acercaba lentamente, calculando la distancia, y esperaba que la persona se alejara para recién tomar su ración. A veces, se alimentaba de los balanceados de los perros y gatos que robaba con mucha astucia, mientras el verdadero dueño de la comida estaba distraído.
Formaba parte, también, de las reuniones sociales, durante el transcurso de las cuales comía de las sobras que “caían” al suelo. Era habitué, por ejemplo, de un club del barrio donde semanalmente un grupo de amigos se reunían a comer y donde ella era también protagonista, pasaba casi desapercibida alrededor de la mesa, sin acercarse demasiado, hasta que alguien le tiraba algún pedacito y entonces salía a gran velocidad con el preciado trofeo. Por las mañanas, asistía al izamiento de la bandera en la escuela primaria, lo que distraía la atención de los alumnos que cantaban “Aurora” parados en la fila. Y por las tardes concurría al “campito” donde los chicos se juntaban a jugar al fútbol, ella los provocaba e intentaba quitarles la pelota sin ninguna intención de atacarlos o se quedaba en un extremo de la canchita observándolos mientras jugaba con algo que había encontrado.
Para los extranjeros era una novedad y un atractivo pintoresco del pueblo. La radio y el cable local hicieron un informe especial que luego transmitieron a localidades vecinas, informando sobre nuestro simpático individuo. También fue motivo de fotos para quienes queríamos tener un testimonio de que lo salvaje puede convivir en armonía con lo doméstico y cotidiano. 
Solitaria, distante y observadora, siempre midiendo las distancias, no se dejaba tocar, como sabiendo que estaba en un lugar que no le correspondía. Pero rondaba libremente las calles del pueblo y ya todos sabíamos que formaría parte de la historia de Clucellas, por eso, la cuidábamos. Cuando pasaba un auto o cualquier vehículo por esa zona, el conductor reducía la velocidad si veía que la zorra estaba cruzando. Y cuando hacía unos días que no aparecía todos preguntábamos por ella y sólo nos quedábamos tranquilos cuando alguien afirmaba con seguridad “yo la vi ayer” o “estaba jugando en tal o cual esquina”. 
De a poco y no sabemos por qué, se fue cambiando de barrio. Y algunos decían que la habían visto peleando con otros perros, varios de ellos acostumbrados a cazar. Muy rara vez se asomaba por el centro del pueblo y su habitual ausencia ya nos preocupaba.
Un día pasó lo imprevisible, o quizás lo previsible. La zorra volvió al barrio, herida. Se recluyó en el rincón de un patio y casi no se movía. Fue en esos instantes cuando permitió que se le acercaran y la tocaran, acaso en señal de agradecimiento por todo lo que habían hecho por ella los humanos. Un agradecimiento silencioso y profundo, reflejado en su mirada, que poco tenía de salvaje. Había invadido un espacio equivocado, el de los animales domésticos, y la naturaleza, sabia y perfecta, se lo reclamó. A lo mejor, llamó demasiado la atención de los hombres para que los otros animales soportaran su presencia. Celos, lo llaman algunos, competencia, le dicen otros, la supervivencia al fin.
Ni siquiera el veterinario la pudo salvar, las heridas ya habían hecho lo suyo, en ella… y en nosotros.

Publicado en el libro “Sentate que te cuento”- Editorial de los cuatro vientos- Bs. As.- 2009.

sábado, 3 de diciembre de 2011

La hora

Juana de Ibarborou  (Juana Fernandez Morales) -Uruguay 1892-1979


Tómame ahora que aún es temprano
Y que llevo dalias nuevas en la mano.

Tómame ahora que aun es sombría
Esta taciturna cabellera mía.

Ahora que tengo la carne olorosa
Y los ojos limpios y la piel de rosa.

Ahora que calza mi planta ligera
La sandalia viva de la primavera.

Ahora que mis labios repica la risa
Como una campana sacudida aprisa.

Después..., ¡ah, yo sé
Que ya nada de eso más tarde tendré!

Que entonces inútil será tu deseo,
Como ofrenda puesta sobre un mausoleo.

¡Tómame ahora que aún es temprano
Y que tengo rica de nardos la mano!

Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
Y se vuelva mustia la corola fresca.

Hoy, y no mañana. ¡Oh amante! ¿No ves
Que la enredadera crecerá ciprés?