POESÍA. NARRATIVA. INFORMACIÓN LITERARIA. CONCURSOS. AUTORES CLÁSICOS Y NÓVELES

Autora del Blog:
BEATRIZ CHIABRERA DE MARCHISONE


Puedes pedir los libros de la autora al mail: beamarchisone@gmail.com (envíos a todo el país)

LIBROS PUBLICADOS POR LA AUTORA
(poesía y narrativa)
"DE LOS HIJOS" (2014)- Ediciones Mis Escritos (Bs. As.)

Los encontrarás:
En Rafaela (Santa Fe): en Librerías "EL SABER", "PAIDEIA" y "FABER".
En San Francisco (Córdoba): en Librería "COLLINO"
y en otras librerías del país.


lunes, 27 de febrero de 2012

Cuna (José Pedroni)

(Gálvez  1899- Mar del Plata 1968)
Haz con tus propias manos
la cuna de tu hijo.
Que tu mujer te vea
cortar el paraíso.

Para colgar del techo,
como en los tiempos idos
que volverán un día.
Hazla como te digo.

Trabajarás de noche.
Que se oiga tu martillo.
"Estás haciendo la cuna"
que diga tu vecino.

Alguna vez la sangre
te manchará el anillo.
Que tu mujer la enjuague.
Que manche su vestido.

Las noches serán blancas,
de columpiado pino.
Harás según el árbol
la cuna de tu niño.

Para que tenga el sueño
en su oquedad de nido.
Para que tenga el ángel
en un oculto grillo.

La obra será tuya.
Verás que no es lo mismo.
Será como tus brazos
la cuna de tu hijo.

Se mecerá con aire.
Te acordarás del pino.
Dirás: "Duerme en mi cuna".
Verás que no es lo mismo.

viernes, 24 de febrero de 2012

Origen del Carnaval

Carnaval de Venecia
La celebración del Carnaval tiene su origen en fiestas paganas como las que se hacían en honor a Baco, Dios del vino, las saturnalias en honor a Saturno, Dios de la siembra y las cosechas, y las lupercalias romanas, en honor al Dios Pan, así como las que se realizaban en honor del buey Apis en Egipto.
La palabra “carnaval” parece provenir de “carrus navalis” (carro naval) que llamaban los romanos al barco sobre ruedas que transportaba en las bacanales, a modo de carroza, al sacerdote de Baco.
Al principio de la Edad Media la iglesia católica propuso una etimología de carnaval, que supuestamente viene del latín vulgar carnem-levare o carnelevarium, que significaba “abandonar la carne”, lo cual, era la prescripción obligatoria para todo el pueblo durante todos los viernes de Cuaresma.
El Carnaval se celebra generalmente en países con tradición cristiana. En muchos lugares se celebra durante tres días, llamándose fiestas carnestolendas, y son los tres días anteriores al Miércoles de Ceniza, que es el día en que comienza la cuaresma en el Calendario Cristiano. De esta manera, el pueblo celebra y se prepara durante tres días comiendo, bebiendo y bailando antes de ese período de abstinencia que sugiere la cuaresma.
El pueblo, que por naturaleza no aguanta por mucho tiempo las reglas y prohibiciones, convirtió este "abandono de la carne" en un “culto a la carne”, creando así, uno de los eventos más refrescantes y catárticos que puede experimentar el ser humano, al disfrazarse, asumir otras personalidades o enmascararse.
Esta “locura” comunal, en donde podemos experimentar la trasgresión de las normas establecidas, el protagonismo de la burla, la sátira, el desenfreno y la promiscuidad, nos hace dudar a algunos, acerca de cual debería ser nuestro estado natural de comportamiento en sociedad.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Casi como un hijo (de la autora)

La parí una tarde lluviosa de otoño
cuando en las ventanas las gotas golpeaban,
así, de repente, casi sin pensarlo,
sobre el blanco papel vi cómo rimaba.
Jugaban los verbos con los sustantivos,
los puntos, las comas, su lugar buscaban,
y los adjetivos peleaban su espacio
con algún sinónimo vestido de magia.

Escribí y taché unas tantas veces,
y otras tantas veces la dejé guardada
y con mucha paciencia la fui modelando,
y la fui esculpiendo como a una estatua.
Surgió así, de a poco, y en algún momento,
hasta pareció que alguien me dictaba,
escuché murmullos y entre los silencios,
sin imaginarlo, brotó la palabra.

Casi como un hijo que toma tu mano
me dio tanto placer verla terminada,
que me trasladó por senderos nuevos
plagados de flores y de lunas blancas.
Noté los perfumes y las melodías,
las luces y sombras mientras caminaba
y me llenó el pecho de tanta frescura,
casi como un hijo que te llena el alma.


Publicado por la autora en el libro “SENTATE QUE TE CUENTO”- Editorial De los cuatro vientos- Bs.As- 2009 

domingo, 5 de febrero de 2012

Hasta mañana (Mario Benedetti)

(Uruguay- 1920-2009)


Voy a cerrar los ojos en voz baja
voy a meterme a tientas en el sueño.
En este instante el odio no trabaja
para la muerte, que es su pobre dueño
la voluntad suspende su latido
y yo me siento lejos, tan pequeño
que a Dios invoco, pero no le pido
nada, con tal de compartir apenas
este universo que hemos conseguido
por malas y a veces por las buenas.
¿Por qué el mundo soñado no es el mismo
que este mundo de muerte a manos llenas?
Mi pesadilla es siempre el optimismo:
me duermo débil, sueño que soy fuerte,
pero el futuro aguarda. Es un abismo.
No me digan cuando me despierte.

miércoles, 1 de febrero de 2012

La dama de los versos (de la autora)

A los audaces, de cualquier edad

     La mujer venía caminando por el alfombrado pasillo central. Su andar, lento y desparejo, hacía que todos la miraran, pero a ella no le importaba. Llevaba, en una mano, un bastón y en la otra,  unos folletos cuyo título era: Amelia Ammache, Poesías.
     Nosotros estábamos tomando un café en el Pabellón Azul, en la Feria del Libro de Buenos Aires donde yo iba a presentar mi libro, y la vimos acercarse, esquivando con dificultad las sillas que le obstruían el camino. Ya había pasado por otras mesas ofreciendo, a dos pesos, los papeles impresos que contenían sus obras. Con mucho respeto, nos pidió permiso y nos dejó un folleto a cada uno, que constaba, simplemente, de una página plegada en la que se podían leer seis o siete de sus poemas, y al poco rato, tiempo suficiente que nos permitiera echarles un vistazo,  pasó a ver si nos lo quedábamos.
      Sus más de ochenta años, según me atreví a deducir,  no le habían impedido salir de su casa y recorrer la Feria para darlos a conocer, aunque quizás alguien había intentado persuadirla de no hacerlo. Seguramente. Quizás, estuvo lidiando con algún nieto que, no sin razón, trató de detenerla. Pero ella estaba allí. Allí, donde importantes autores eran protagonistas en distintos stands, presentando y firmando libros, dando charlas y conferencias, y donde otros tantos escritores desconocidos habíamos osado presentar los nuestros, allí estaba Amelia, con una permanente sonrisa en su cara, elegantemente vestida, deambulando con paciencia por los atestados pasillos de la Exposición, invitando a la gente a leer esas rimas que alguna vez escribió. Cualquiera que la viera podría pensar que era una dama de la alta sociedad porteña que iba al encuentro de otras amigas de su edad para tomar el té en alguna paqueta confitería de Buenos Aires. Su imagen irradiaba eso. Pero no era su caso. Lejos de parecerme una barbaridad que ella estuviera caminando sola entre tanta gente, admiré su valentía, elogié sus ganas y envidié su espíritu. Algo la llevaba a entregar esos versos a gente anónima, cuya opinión nunca conocería. Ni siquiera sabía si los leerían o simplemente los dejarían abandonados sobre la mesa, cuando ella se hubiera marchado. Sin embargo, algo la impulsaba a mover su cuerpo con esfuerzo. Algo de todo eso la alegraba y le completaba la vida.  Me emocioné con sólo pensarlo.
     Por supuesto, nos quedamos con el folleto. Todos en la mesa lo hicieron. No por lástima, sino valorando esa energía y esa voluntad tan difícil de encontrar, e intentando conocer un poco más de esa anciana audaz y desconocida.
     Cuando llegué a casa y recorrí los renglones de sus rimas, me encontré tratando de imaginar su vida. La imaginé sentada ante un antiguo escritorio frente a un gran ventanal que daba a un parque, levantando la vista de a ratos, para buscar inspiración entre los sauces del fondo de una gran mansión, que menciona en un verso de uno de sus poemas. La imaginé, aún hoy, con sus manos arrugadas, tomando una lapicera y escribiendo, casi dibujando palabras con su pulso tembloroso pero con su mente lúcida y sus ideas claras. La imaginé dejando caer una lágrima sobre esos papeles, que la invadían de recuerdos al releerlos. Noté que un trozo de ella estaba en cada línea de cada estrofa. Un poco de sus pensamientos, de sus dolores, de sus amores pasados, florecían con cada verso. Allí, en esos escritos, quedaría Amelia, aunque alguna vez se fuera para siempre. Y creo, estoy segura, que ese era su objetivo.    
     Nunca más supe de ella. Ni siquiera sé si su nombre es el real o un seudónimo, con los que suelen firmar muchos poetas. Sin embargo, me bastaron esos pocos minutos para percibir que la mujer estaba feliz. Se le notaba en la cara. En sus ojos, bordeados por las líneas del tiempo, se reflejaba que había sido suficiente con que nosotros decidiéramos quedarnos con su pequeño cuadernillo de versos.
Hojeando páginas encuentro
palabras locas y exaltadas
por la ternura y la pasión
hoy las comparo, en desmedro
en la absurda soledad de mi mansión.
Amelia Ammache
                                            
Publicado por la autora en el libro “FOTOGRAFÍAS DEL ALMA”- Edición de autor- Rafaela- Argentina- 2011