Los encontrarás: En Rafaela (Santa Fe): en Librerías "EL SABER", "PAIDEIA" y "FABER". En San Francisco (Córdoba): en Librería "COLLINO" y en otras librerías del país.
Para la libertad sangro, lucho, pervivo
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos
Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espuma mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas
Porque donde unas cuencas vacías amanezcan
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada
Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida
Porque soy como el árbol talado, que
retoño: aún tengo la vida
Fue proclamado por la Unesco en 1999 al reconocer el valor de este género como símbolo de la creatividad de la mente humana.
Rubén
Darío, Jorge Luis Borges y Gabriela Mistral son tres de los poetas más
destacados a nivel mundial en habla española. Su trabajo ha sido
reconocido con premios y reconocimientos en homenaje al uso creativo de
la palabra. Sin embargo, la lista que le sigue a estos tres referentes
es infinita, a tal punto que la Unescodecidió dedicarle un día universal a este género literario como una forma de reflexionar sobre el poder del lenguaje poético y el florecimiento de las capacidades creadoras de cada persona.
Cada año, el 21 de marzo, la Unesco celebra el Día Mundial de la Poesía con
el objetivo principal de apoyar la diversidad lingüística a través de
la expresión poética y dar la oportunidad a las lenguas amenazadas de
ser un vehículo de comunicación artística en sus comunidades
respectivas.
Según la página oficial de las Naciones Unidas este día también tiene
como propósito promover la enseñanza de la poesía; fomentar la
tradición oral de los recitales de poéticos; apoyar a las pequeñas
editoriales; crear una imagen atractiva de la poesía en los medios de
comunicación para que no se considere una forma anticuada de arte, sino
una vía de expresión que permite a las comunidades transmitir sus
valores y fueros más internos y reafirmarse en su identidad; y
restablecer el diálogo entre la poesía y las demás manifestaciones
artísticas, como el teatro, la danza, la música y la pintura.
La decisión de proclamar el 21 de marzo como Día Mundial de la Poesía fue aprobada por la Unesco durante su 30º periodo de sesiones, que se celebró en París en 1999.
FUENTE: ¿Por qué se celebra hoy el Día Mundial de la Poesía? (El Heraldo- Colombia)
Por primera vez, a los 80 años, habla la mujer que inspiró el personaje
más famoso de la más famosa novela, Rayuela, del escritor argentino.
Desde su casa en Londres, cuenta su historia íntima y abre para la
Revista cartas que nunca fueron vistas por ojos extraños. ¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme,
viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas
la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba
distinguir las
formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces
andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro,
inclinada sobre el agua.
(Rayuela, de Julio Cortázar, 1963)
Ya no es la rue de Seine ni el Pont des Arts, sino un pequeño
departamento en el elegantísimo barrio londinense de St. John's Wood, a
pocos metros de la Abbey Road que hicieron famosa los Beatles y cerca
del magnífico Zoológico de la ciudad. Pero la Maga sigue siendo la
misma. Sí, porque la musa de Cortázar, la misteriosa protagonista
femenina que deambula por Rayuela, el personaje más famoso de su libro
más famoso y con el cual le rompió el corazón a sus lectores existió y
existe. Y es Edith Aron, una encantadora señora de 80 años que vive en
el más completo anonimato, escribiendo en las madrugadas silenciosas,
entre las cartas y recuerdos del hombre que la inmortalizó para la
literatura.
"Fue
sólo al perderlo que me di cuenta de lo que quería", dice hoy, con
relación a Cortázar, esta mujer octogenaria".
"Una sola vez, cuando en el almacén cercano a mi casa una chica mexicana
me dijo que era una gran admiradora de Cortázar y que la Maga era su
ideal, como era tan simpática pensé en decirle quién era yo. Pero no lo
hice. No es un tema del que me guste hablar, no lo necesito y, además, a
los ingleses nunca les interesó. Pero ahora. bueno, digamos que soy una
señora mayor. Quizá no esté para el próximo aniversario de Cortázar",
aclara suspirando.
Buscada
Cortázar dejó grabada la imagen de la Maga a los veintipico de años, con
medias negras y zapatos colorados, fumando Gitanes y con el pelo
despeinado. En 1963, en pleno furor de Rayuela, "todas las muchachas de
la Facultad querían ser la Maga -recuerda Julio Ortega, editor de la
edición crítica francesa de Rayuela y profesor de literatura de la
Universidad de Brown-; y todos los hombres querían buscar su Maga, la
fantasía masculina de la mujer enigmática que se relaciona con las
fuerzas más intuitivas con una sabiduría inocente".
Hoy, los amigos de Aron siguen fascinados por ella y la describen como
una extraña belleza, alta e imponente, de nariz aguileña, ojos
brillantes que miran muy fijo y el pelo corto color azabache.
"Nadie me da mi edad, ¿sabe?", aclara con evidente coquetería y un dejo
de acento alemán en su castellano bien porteño, y en el cual se le
escapa cada tanto un macanudo.
"¿Qué me vio Cortázar? No sé, ¡yo era simplemente una chica buena y agradable!", aclara risueña.
Edith Aron nació en el Sarre, una región en el límite entre Francia y
Alemania, "que de no haber sido lamentablemente anexada por los alemanes
hoy sería un pequeño país independiente como Luxemburgo", explica.
De familia judía, poco antes de la Segunda Guerra Mundial emigró con sus padres a la Argentina, donde ya tenían parientes.
"Fui al Colegio Pestalozzi, a cuyos profesores les voy a estar por
siempre agradecida. Me permitieron mantener una identidad alemana como
la de ellos, profundamente distanciada de la política e ideología nazi."
En un barco de vuelta a Europa, en 1950 y con 23 años, conoció a Cortázar.
"Yo estaba en tercera clase, no pasaba nada demasiado interesante y, de
pronto, vi a un muchacho tocar tangos en el piano. Una chica italiana
con la que compartía la cabina me dijo que me miraba y que como era tan
lindo, por qué no iba a invitarlo a nuestra mesa. Pero estábamos
sentadas con gente muy rara, el mozo era muy viejo y no me animé."
Al poco tiempo, ya en París, entrando en una librería, Edith vio una cara conocida.
"Cortázar me reconoció también, e intercambiamos unas palabras. Nos
volvimos a cruzar en el cine, viendo Juana de Arco. Luego, en los
Jardines de Luxemburgo. El estaba muy influido por los surrealistas, que
creían que las coincidencias eran algo importante, así que me invitó a
tomar algo, me leyó un poemita y hablamos de amigos comunes en Buenos
Aires."
"Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del
puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía
sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos
casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la
misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde
abajo el tubo de dentífrico."
(Rayuela, de Julio Cortázar, 1963)
Claro que no todo fueron encuentros casuales. "Cortázar trabajaba en una
exportadora de libros en la esquina de mi casa en París, y venía a
verme para almorzar. Era muy entretenido. Por ejemplo, me decía que le
hiciera una ensalada azul. Yo no tenía idea de qué era eso. Entonces él
tomaba cualquier ensalada y la llenaba de estampillas azules. Hacía todo
el tiempo ese tipo de juegos, en los que yo nunca me sentí a la par.
¡Me acomplejaba porque él sabía tanto y yo sabía tan poco! No me decidí a
irme a vivir con él justamente porque quería estudiar. Además, sabía
que él admiraba mucho a Aurora Bernárdez, que estaba en Buenos Aires",
confiesa con un susurro.
"Con mucha discreción", aclara, sus recuerdos ya fueron publicados en
1999 en un libro que escribió en alemán, Las casas falsas, y publicado
por una editorial de Heidelberg.
-¿Usted estaba enamorada?
-No lo sabía. Cierta noche Cortázar me dijo que Aurora vendría a pasar
fin de año a París, y me preguntó qué era más importante para mí,
Navidad o Año Nuevo. No sé por qué le dije que Año Nuevo, que Navidad la
iba a pasar con mi papá. Cuando nos volvimos a ver, él había pasado
Navidad con Aurora y se había decidido por ella. Fue sólo al perderlo
que me di cuenta de que lo quería.
-Pero usted ya estaba para siempre asociada a él por Rayuela. ¿Se siente identificada cuando lee el personaje de la Maga?
-El me escribió diciéndome que había basado su personaje en mí, y nos
pasaban, es verdad, cosas espontáneas como las de la novela. También hay
algunos episodios, como ese en el que encontramos un paraguas viejo en
las calles de París y le damos una ceremonia de entierro, que ocurrieron
más o menos como los cuenta. Pero la Maga es un personaje literario.
-¿Cortázar era tan buen mozo como se ve en las fotos?
-Bueno, de chico tuvo un problema en las glándulas que hacía que pasara
el tiempo y se viera siempre igual, sus enemigos le decían Dorian Grey,
como el personaje de Oscar Wilde, porque su aspecto nunca cambiaba.
Tarde en la vida se hizo operar y sólo entonces, por ejemplo, le creció
la barba. Me parece que le costó tanto tenerla que nunca más se la sacó.
Por otra parte, no podía tener hijos. Tuvo otro tipo de hijos, los
libros, pero no de los de carne y hueso, que son los que humanizan. Y él
era demasiado intelectual. Incluso usaba anteojos de joven sin
necesidad, hasta que Aurora lo convenció de que se los sacara.
-¿Sintió celos por Aurora?
-Nunca sentí celos por Aurora. Más adelante, ellos insistieron en que,
de tanto en tanto, fuese a comer a su casa. Yo era la chica que había
aprendido junto a él. Después de todo, eso era lo que más le gustaba
hacer, por algo en la Argentina había sido maestro de escuela. Pero la
primera vez reconozco que me levanté de la mesa, me encerré en el baño y
lloré. Yo había estado sufriendo sin darme cuenta. Y sé que él estaba
un poco preocupado. Con el éxito que le trajo Rayuela, sabía que un poco
me usó. Y ganó.
"No necesito decirte quién es Edith, vos lo habrás adivinado
hace mucho, ¿verdad? Entonces, ¿vos te imaginás Rayuela traducida por
ella? (...) En Rayuela, te acordás, la Maga confundía a Tomás de Aquino
con el otro Tomás. Eso ocurriría a cada línea..."
(Carta de Julio Cortázar a Paco Porrúa, extracto, 1964)
La decepción
Edith Aron asegura que a pesar de no haber sido la elegida, siempre le
guardó un enorme cariño a Cortázar. Hasta que cierto día le sacaron las
traducciones que ella estaba haciendo de sus libros al alemán y, peor
aún, se enteró de este fragmento de la carta del escritor a su
legendario editor, Paco Porrúa.
"Me hizo muy mal profesionalmente. ¡Yo trabajé en el Instituto Goethe de
Londres, en el Imperial College! Creo que Cortázar me confundió con el
personaje. La realidad es que para entonces mi madre -a quien yo no veía
desde hacía diez años- estaba gravemente enferma en Buenos Aires. Tuve
que ir a cuidarla y me demoré en entregar las traducciones. Eran textos
muy buenos, los hice ver por expertos. Cortázar estuvo muy mal en
hacérmelos sacar. Luego se arrepintió, pero yo ya tenía una rabia
infinita."
-¿Nunca más volvió a verlo?
-El decía que por el azar nos volveríamos a encontrar. Nos cruzamos en
una Feria del Libro de Francfort. Y luego, un día en el metro londinense
me lo encontré en el mismo vagón. Ya estaba con otra mujer, muy joven,
llena de anillos de plata en los dedos, pero igual se sentó a mi lado y
me preguntó de dónde venía. "De mi trabajo", le dije orgullosa. El me
respondió: "¿No crees que este encuentro tiene algún sentido?" Y pidió
que nos viésemos al día siguiente. Pero me había lastimado mucho, y yo
ya no creía en la casualidad. Así que al llegar a la estación Picadilly
le dije: "Me voy", y me bajé. Nunca imaginé que las próximas noticias
que tendría de él serían las de su muerte, en 1984.
-¿Por qué no creía más en la casualidad?
-Una vez un rabino me dijo que ser judío es como una vacuna: funciona
como defensa ante un momento crítico. Yo siempre fui muy liberal, nada
religiosa, pero me parece que eso es verdad. Fíjese: yo acababa de leer a
George Steiner respecto de una teoría del judaísmo que no acepta la
coincidencia, y eso me sirvió para justificar no volver a verlo. Además,
aparte de Cortázar yo tuve una vida muy linda. Soy la viuda de un
artista inglés que trabajó un tiempito como corrector en el Buenos Aires
Herald. Y tengo una hija, Joanna, que es cantante. Llegó a tener
pasaporte argentino, que guardo con cariño. Como ella tenía dieciocho
meses, le tomaron la foto y le hicieron estampar su dedito, aclarando,
debajo: No firma aún. Es el último recuerdo que tengo del país, al que
me encantaría volver, pero ya no puedo viajar mucho.
-Una última pregunta que me desvela. El personaje de la Maga andaba despeinado, cocinaba mal y fumaba Gitanes. ¿Y usted?
-No sé, creo que en una carta le escribí a Cortázar que estaba
despeinada. Nunca fui una gran cocinera. Crecí en la Argentina, así que
me sigo basando en el bife con ensalada. Y los Gitanes, bien fuertes,
sí, me encantaban. Pero ahora, ¡sólo me dejan fumar Philip Morris Ultra
Light!
Para saber más
"Todas querían ser la Maga." Julio Ortega es categórico. El coeditor de
la versión crítica de Rayuela, publicada en París por la editorial
Archivos, asegura que Cortázar jamás pudo prever la vehemencia que
causaría en las mujeres. "Sus lectoras, las escritoras y críticas que se
dedicaban a su obra parecían convocadas al modelo de musa benéfica
-explica desde la Universidad de Brown, en Estados Unidos, donde es
profesor de literatura hispana-. Su bovarismo (conversión de la realidad
en literatura) resultaba peculiar: querían ser como la Maga, pero
también hacer de Cortázar una suerte de Pigmalión capaz de descubrirlas y
perpetuarlas." Ortega, que trabajó a partir de los manuscritos de
Cortázar que hizo comprar a la Universidad de Texas, donde era profesor,
recuerda: "En los años 60, las chicas se identificaban con la Maga. En
esos años a los varones les daba reputación pasearse con El capital o En
busca del tiempo perdido bajo el brazo. Para las mujeres, eso era
Rayuela. Todo era fruto de la influencia del surrealismo: las chicas
querían mostrar que, como la Maga, tenían un estado de disponibilidad
para los milagros de lo casual".
De puño y letra
París, 8 de marzo de 1978
Querida Edith:
Tu carta no agrega nada nuevo, por desgracia, a una situación sin
salida. Hace mucho que he dejado de entender lo que pasa con las
ediciones alemanas, y sólo sé que Wittkopf trabaja en una antología de
mis cuentos y que Fries traduce Rayuela. No tengo (ni quiero tener)
ningún contacto directo con editores, que son siempre una fuente de
líos. Y yo ya tengo demasiados líos en estos tiempos.
Sé que el problema con vos no se resolverá a pesar de cualquier
esfuerzo, y que Sularkamp (ilegible) es una gigantesca máquina que no
cambia su conducta una vez que la ha decidido.
Lamento que una vez más vuelvas sobre ese tema tan penoso para vos y
para mí, pero te comprendo de sobra; solamente que ya es tarde para
cambiar las cosas, y creo que tu correspondencia con Wittkopf te lo
prueba de sobra.
Por favor, no vuelvas sobre el pasado, porque ya nadie quiere entender
cosas tan complicadas y que parecen sin salida. Si yo puedo ayudar en el
presente ya sabes que lo haré, pero esa historia detallada que me
cuentas en tu carta no sirve más que para amargarte y amargarme. Y
créeme que en estos tiempos la amargura es mi comida cotidiana. Hago lo
que puedo por la Argentina y Chile, estoy continuamente en viaje para
ayudar la causa de esos pueblos, y el resultado es siempre igual:
tristeza y amargura. Y si el presente es así, ¿cómo agregarle el pasado y
volver atrás en busca de arreglos que ya nadie entiende?
Me gustaría recibir de vos otro tipo de cartas. Hay tanto de vivo y de
bello en tu persona, hay tantas cosas mejores que esa vuelta atrás en
que te obstinas.
Espero que Joanna esté bien. Para vos, un abrazo fuerte y el cariño de
Julio
En la vida real
"No soy para nada una señora inglesa", confiesa Edith Aron, y ofrece la
prueba más que contundente: no le gusta la jardinería. "Las únicas
plantas que tengo son dos del desierto, que justamente me trajo de
regalo un amigo porque dijo que eran las únicas que me podrían
sobrevivir."
A pesar de que el personaje de La Maga es considerado una figura
antiintelectual, ella es una mujer muy culta cuyos programas de fin de
semana suelen incluir visitas a las exposiciones de avanzada en el
Instituto de Arquitectura Contemporánea de Londres o un pequeño viaje
para llegar a la inauguración de muestras de amigos artistas en Berlín.
Es escritora, y trabaja en las madrugadas, rodeada de un silencio
absoluto. Tiene dos libros en alemán en su haber, El tiempo de las
maletas y Las casas falsas, publicados por una editorial de Heidelberg.
Este último es, según ella, "sutilmente autobiográfico".
"Quise incluir un par de cartas de Cortázar; le escribí a Aurora, para
pedirle su autorización, y me hizo esperar como dos o tres meses, pero
me la dio."
Cortázar estuvo casado dos veces después de su matrimonio con Aurora
Bernárdez, pero fue a ella a quien Edith Aron le escribió la carta de
condolencia cuando se enteró, leyendo el periódico alemán Die Zeit, de
la muerte de Cortázar.
"Fue curioso porque ella me respondió que ambas éramos mujeres judías
que habíamos sufrido mucho. Me pareció que lo decía para consolarme a mí
y como un gesto de amabilidad, ¡pero ella no era judía!"
A Edith le gustan sobre todo los cuentos cortos y no se cansa de releer a Kafka, Borges y, por supuesto, Cortázar.
FUENTE: Edith Aron: la maga de Julio Cortázar