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LIBROS PUBLICADOS POR LA AUTORA
(poesía y narrativa)
"DE LOS HIJOS" (2014)- Ediciones Mis Escritos (Bs. As.)

Rincones y Acuarelas I (Poesía) -2019- La Imprenta digital (Bs. As)

Rincones y Acuarelas II (Narrativa)- 2019- La Imprenta digital (Bs. As.)

Los encontrarás:
En Rafaela (Santa Fe): en Librerías "EL SABER", "PAIDEIA" y "FABER".
En San Francisco (Córdoba): en Librería "COLLINO"
y en otras librerías del país.
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lunes, 26 de octubre de 2020

"El barrilete y la luna" (por Inés Insua) TALLER VIRTUAL 8

      Un  hermoso domingo lleno de sol, luminoso, cálido, que despertaba deseos de que nunca terminara, el pastito recién cortado parecía una alfombra que invitaba a rodar sobre ella, muchos chicos se reunieron allí desde temprano,  salieron  para correr y jugar.  Tomasito y sus amigos se reunieron  para remontar sus hermosos barriletes, alardeando con la altura que lograban alcanzar, haciendo cimbrear las colas de colores, algunas tan larguísimas que rozaban el pasto del parque.

   El barrilete de Tomasito tenía una hermosa cola hecha con  trozos de telas que le dio su mamá y a la que le pegó figuras hechas  con brillante papel glasé  de  colores.

   Cuando se acercaba el atardecer, obedeciendo a su mamá y con un poco de tristeza, Tomasito regresó a su casa arrastrando la cola de su barrilete y lo dejó  en la terraza con la intención de remontarlo nuevamente la próxima tarde.

   Esa noche apareció en el cielo una hermosa luna en cuarto creciente, su imagen  era muy fina y sus dos extremos se curvaban suavemente dándole el aspecto de medialuna flaquita, y allí estaba en las alturas observando la tierra un poco aburrida y con ojitos de sueño, buscando algo para entretenerse durante las largas  horas que debía quedarse esperando la llegada del sol para  poder retirarse.

   Mirando y mirando hacia todos lados, descubrió en un árbol una palomita durmiendo en un nidito de paja con su pequeño pichoncito debajo de una de sus alas, también alcanzó a ver a dos ratoncitos corriendo sobre un tapial, muy apurados porque un perro los había descubierto y les ladraba enojado. De pronto, algo le llamó mucho la atención, era el hermoso barrilete de Tomasito que descansaba sobre la reposera, seguramente cansado de tanto volar y apenas lo vio sus ojos quedaron cautivados con   los brillos de su larga cola y quiso llevarlo hasta ella, como no podía atraparlo le pidió ayuda al viento y éste, sopló fuerte y  lo elevó por los aires hasta acercárselo todo cuánto pudo.

   Se veía  tan bello flotando en el cielo con sus colores brillantes y esa cola larga de figuraditas que se iluminaban con sus movimientos que la luna se enamoró y quiso  atraparlo con uno de sus extremos, pero el barrilete la evitaba moviéndose rápido, al darse cuenta que no podía engancharlo le  pidió ayuda a las nubes,  y estas armaron un gran remolino para acercárselo pero el barrilete se movió muy rápido que no pudieron apresarlo aunque su hermosa y larga cola quedó enganchada en un extremo de la medialuna.

    Quiso soltarse y empezó a girar y girar a su alrededor y fue así como se dio cuenta que su cola brillaba gracias a luz de la luna,  y cuando se acercó a ella y quedaron frente a frente, al mirarla a los ojos los reconoció tan bellos que se enamoró sin darse cuenta.

   Cuando Tomasito descubrió que su barrilete no estaba en la terraza, corrió a preguntarle a todos si lo habían visto y hasta pensó que el viento, durante la noche, lo había tirado al jardín, lo buscó por todos lados y al no poder encontrarlo se quedó en su casa y no quiso salir con sus amigos al parque, pasó toda la tarde muy triste, sin ganas de jugar, alguien de su familia le dijo que le ayudaría a hacer uno nuevo, igual que el anterior, pero eso no lo consoló y siguió encerrado en su cuarto sin salir.

   Al llegar la noche sintió deseos de subir a la terraza con su perro Cachito, primero lo abrazó para consolarse un poquito, pero como Cachito solo quería jugar, empezaron a correr juntos y pronto Tomasito comenzó a alegrarse. Cuando se cansó se sentó en la reposera y su perrito apoyó su cabeza en las rodillas de él invitándolo a seguir jugando.

   Sin darse cuenta descubrió a la luna flaquita y brillante en el cielo, algo le llamó la atención, descubrió unas pequeñas lucecitas colgadas de la luna, que el viento movía y brillaban, parecía que bailaban para un lado y para el otro.

   Pensativo miró y miró y entonces se dio cuenta que era la cola de su barrilete enganchada en la punta de la luna, y se imaginó que éste estaba abrazándola feliz de estar siempre en las alturas, su lugar preferido, y se le alegró el corazón, porque el deseo de su barrilete se había hecho realidad volando para siempre bien alto al lado de la luna.

 

AUTORA: Inés Insua

Ramos Mejía (Buenos Aires – Argentina)

TALLER VIRTUAL 8

domingo, 25 de octubre de 2020

"Conexión lunática" (por José Luis Albornoz) TALLER VIRTUAL 8

 


Costelo era un chico que había nacido en una era tecnológica, se caracterizaba por ser muy curioso y le gustaba inventar cosas. Un día aceptó un desafío proclamado por un youtuber, consistía en enviar un mensaje lo más lejos posible y de una forma que nadie lo haya realizado antes. La idea más innovadora ganaría el premio.

Luego de su clase virtual con la seño Eva, tomó la chocolatada con masitas pepas y se preparó para el desafío.  Investigó en la web, indagó en las redes sociales, miró algunos videotutoriales y hasta consultó con la NASA sobre algunos cálculos de distancias. Tenía en mente la idea ganadora, quería llegar hasta la luna.

Puso en marcha su notebook y diseñó los planos basados en un juguete muy antiguo, que según su buscador web ayudó a un científico, un tal Benjamín Franklin, a dominar la fuerza de un rayo, ese juguete se llamaba “barrilete” y como su curiosidad era tan grande también buscó su traducción al inglés…KITE.

Ayudado por su impresora 3D, comenzó la construcción del artefacto que lo llevaría a lograr su objetivo. De pronto recibió un mensaje de su mejor amiga la “Gringa”, ella también quería participar del concurso y Costelo aceptó su ayuda porque admiraba su sensible creatividad.

Juntos comenzaron a confeccionar el barrilete. Cálculos exactos de geometría ayudaron a la correcta estructura del armazón. Utilizaron los papeles reciclados más coloridos que la Gringa tenía en su mochila. Con un trozo de sábana verde y amarilla con dibujos de ostras de mar hicieron la cola que estabilizaría el vuelo y finalizaron el proyecto con miles de metros de hilo que compraron en una famosa tienda de ventas online con envío gratis en el día.

-¿Falta algo? Preguntó Costelo.

-Sí, necesitamos viento, dijo la Gringa.

Ella tomó su celular, activó el GPS y pudo observar que el estado del clima pronosticaba fuertes vientos para esa noche. Todo estaba listo, solo faltaba el mensaje que enviarían.

De un modo cómplice, Costelo miró a la Gringa, sonrieron y entendieron que además de ganar el premio querían dejar un mensaje valioso, capaz de cambiar al mundo. Encriptaron la idea hecha palabras y lo imprimieron sobre un panel del barrilete.

Esa noche lo remontaron con ayuda del fuerte viento y gracias a los 384.400 metros de hilo lograron alunizar. Sacaron una foto con su telescopio de 50 megapíxeles, la hicieron viral por todas las redes sociales y ganaron el tan esperado premio.

Ah… ¿quieren saber qué mensaje enviaron?...

                                                    

AUTOR:  José Luis Albornoz

Clucellas (Santa Fe- Argentina)

TALLER VIRTUAL 8


martes, 8 de septiembre de 2020

"Un tesoro original" (por María Bacigaluppo) TALLER VIRTUAL 6


HABÍA UNA VEZ UNOS PIRATAS LLAMADOS JUAN Y PEDRO, QUE NAVEGABAN POR EL MAR MEDITERRÁNEO Y TRATABAN DE ENCONTRAR EL TESORO MÁS BUSCADO DE TODO EL MUNDO.

 EL TESORO ERA… PODER VOLAR.

PERO ERA MUY PERO MUY DIFÍCIL HALLARLO, PORQUE ESTABA MUY CUSTODIADO. TENÍA TIBURONES, MEDUSAS Y PIRAÑAS VIGILANDO A SU ALREDEDOR.

JUAN Y PEDRO ESTABAN MUY CERCA, PERO ERA LINDO Y FEO A LA VEZ, PORQUE SI SE ACERCABAN PODÍAN CAERSE Y LOS ANIMALES LOS DEVORABAN. ADEMÁS HABÍA UNA FUERTE TORMENTA Y OLAS GRANDES, Y SU BOTE SE MOVÍA MUCHO MUCHO. EL BOTE SE LLENABA DE AGUA Y PECES, REMABAN Y REMABAN, PERO ELLOS NUNCA SE RENDÍAN Y SEGUÍAN ADELANTE.

DE PRONTO UNA PIRAÑA SALTÓ AL BOTE Y MORDIÓ A PEDRO, YA NO PODÍA REMAR MÁS, Y LE DIJO A JUAN: ¡NO PUEDO MÁS! CREO QUE ME VOY A TIRAR AL AGUA. PERO JUAN LO CONVENCIÓ Y LE DIJO: ¡VOS SOS VALIENTE, VOS PODÉS! LO VAMOS A LOGRAR JUNTOS.

 DE REPENTE UNA FUERTE OLA LOS EMPUJÓ HASTA UNA CUEVA, Y SE DIERON CUENTA QUE AHÍ ESTABA EL TESORO.

POR SUERTE, PUDIERON VOLVER A CASA VOLANDO. FIN

AUTORA: María Bacigaluppo

-8 años-

Clucellas (Santa Fe- Argentina)

TALLER VIRTUAL 6

miércoles, 2 de septiembre de 2020

"A lo desconocido!!!" (por Rosa María Milla) TALLER VIRTUAL 6


Sin querer abrí un cajón de unos de los mostradores de mi abuela y sutilmente saque un papel de color caramelo casi amarillento, donde pude apreciar que el tiempo había transcurrido, al desdoblarlo observé la Cruz del Sur, indicaba que debía dirigirme hacia el Norte.  Soy Rosmi  y desde ese momento me convertí en una pirata….LA PIRATA ROSMI!!!

Esta vez no tenía una pata de palo, ni una mano con gancho, pero me tape un ojo como todos los piratas y busqué entre los recuerdos  un sombrero de mi abuelo, y con un palo de escoba representé una espada, mi barco fue protagonizado por  mi bicicleta, con una tripulación formada por Zin, Sara y Zaro, ellos son integrantes de cuatro patas, peludos, inteligentes y dan la vida por una misión junto a su dueño. No podía dejarlos porque además de brindar su compañía son leales, fieles, divertidos y te roban el corazón. Allí nos lanzamos hacia la gran aventura.

El viento sur del mes de agosto nos ayudó a llegar más rápido, el recorrido se hizo bastante llevadero, con algunos obstáculos que pudimos resolver con simplicidad. Estando en la zona ya indicada, caminamos por un sendero donde hallamos una cueva, y a la distancia escuché que en el fondo había agua que recorría un trayecto y luego un gran salto, caía una cascada con espuma trasparente y una brisa tan suave que salpicaba mi tripulación y  mi cara. 

Repentinamente,  apareció una fragata, con aguas divertidas y una botella azul que nos invitaba a  continuar con la aventura que nos ofrecía  la bella naturaleza... desfundé mi espada y dije: YO SOY LA PIRATA ROSMI!!! Y nos perdimos en ese tramo.

AUTORA: Rosa María Milla

San Vicente (Santa Fe- Argentina)

TALLER VIRTUAL 6

miércoles, 26 de agosto de 2020

"Manual del buen pirata" (por María Belén Cáffaro) TALLER VIRTUAL 6

Hace unos días miré una película de piratas y uno de estos se llamaba algo así como Yak Espárrago, en fin, que el nombre de esta persona no me importó mucho. A mí lo que realmente me interesó fue el tema de los piratas, me parecía tan increíble que con tan solo ocho años yo quería ser uno.

 ¿Ustedes sabían que para ser pirata había un manual? Pues yo sí, me enteré cuando lo encontré. A lo que iba es que cuando decidí cuál sería mi carrera de ahora en más, me dirigí a la biblioteca y no les voy a mentir, yo pensé que había entrado en un laberinto de estanterías con libros. Tuve que pedirle ayuda a la señora encargada del lugar, ella me indicó la dirección hacia donde estaban los libros de piratas. Luego de tanto buscar, por fin había encontrado un libro titulado Manual del buen pirata por lo que me senté en el suelo ahí nomás y me dediqué a leerlo, por suerte no era un libro gordo de esos que parecen interminables y que si se caen encima de uno lo aplastan ¿Se imaginan ustedes, mi carrera de pirata arruinada sin haber empezado y todo por culpa de un libro gordo? Ni siquiera pensarlo, por eso me alejo de ellos.

 En el manual había una lista de cosas para ser un buen pirata: una barba marrón, un parche para el ojo, una pata de palo, un barco y un traje con sombrero que combinen. El mapa del libro era justamente el de la isla donde yo vivía, pero me quedaba un poco lejos el lugar donde la X estaba marcada y yo no tenía una brújula o una calavera como las del plano; sin embargo, mis ánimos no decayeron y dibujé el mapa tal cual lo encontré en el libro, en cambio, a las cosas de la lista, las memoricé.

 Lo primero que busqué fue una pata de palo, el libro no decía de que mueble debía ser, por lo que se la saqué a una silla vieja mía. A mi vecino Eduardo, criador de loros, le pedí uno de sus pajaritos verdes, y si hablaba, mejor aún, además el animalito no se me iba a escapar porque ya tenía preparada la correa y la soga para tenerlo siempre conmigo; pero tuve que conformarme con el loro de peluche que me regaló Edu, quien me confesó que esas aves iban mucho al baño sin avisar a su acompañante ¿Ustedes se pueden imaginar a un pirata con su traje manchado por popó y pis de loro? Yo no.

 En cuanto al parche… bueno, no encontré ninguna tela de color negro, pero sí unos lentes oscuros en un cajón y como yo solamente necesitaba ver de un ojo, le saqué un cristal. El barco era algo muy difícil de encontrar, así que como buen dibujante y pintor que soy, diseñé y coloreé un barco en unos cartones los cuales pegué con cinta y plasticola alrededor de mi bicicleta ¡Tendrían que verlo ustedes! ¡Todos querrían subirse! Mis profesores de plástica y tecnología estarían orgullosos de mí.

 Para la barba marrón utilicé algodón, al cual pinté con mis témperas y lo uní con ese pegamento que usa el doctor cuando me corto alguna parte de la cabeza y no es necesario coserme; estoy seguro que hasta el mismísimo Papá Noel me visitaría antes de Navidad solamente para pedirme consejos sobre cómo tener una barba tan bonita como la mía. El problema era la ropa, yo no tenía una camisa blanca como la del capitán Espárrago y la de mi papá me quedaba enorme; en mi armario encontré un pantalón largo de color negro que usaba para hacer gimnasia; en el ropero de mi hermana mayor encontré un camisón blanco que tenía que meter dentro del pantalón para no arrastrarlo por el piso.

 A mi padre le pedí si me podría hacer un barco con una cartulina azul, al fin y al cabo, si lo daba vuelta se podía usar como sombrero. Una vez listo el pedido que le hice a mi papá, me lo coloqué en la cabeza, no sin antes haberme vestido con las prendas elegidas; utilicé la cinta de embalaje de mi mamá para pegar a mi pierna la pata de madera y a mi hombro el loro, también me coloqué el parche en el ojo y me subí al barco ubicado en el garaje de mi casa.

 En la vereda se encontraba toda mi familia, me preguntaban si me iba a una fiesta de disfraces, y yo les respondí que me embarcaba en una aventura de piratas, incluso les mostré mi mapa. Todos me sonreían y me felicitaban, pero se negaron a dejarme ir ¿Pueden creer que le nieguen a un pirata ir en busca de su tesoro? Decían que era muy tarde para la aventura y a esa hora había muchos peligros, pero yo miraba el sol que se encontraba todavía en lo alto del cielo. En fin, decidí no llevarles la contraria porque mis padres siempre tienen la razón y saben qué es lo mejor, pero mañana a primera hora me embarcaré en la búsqueda de ese tesoro y será mío. Este solo es el comienzo de una gran aventura.

AUTORA: María Belén Cáffaro

Clucellas- (Santa Fe- Argentina)

TALLER VIRTUAL 6

jueves, 20 de agosto de 2020

"Historia de un pirata" (por Mirta Susana Maluenda) TALLER VIRTUAL 6

 Así comenzó esta historia.

-Había una vez...un pirata con sobrero azul vegano, un garfio muy afilado..

pantalones rayados y capa  roja muy larga.

Su barba  era muy negra, y su bigote enrulado,  muy alto y delgado.

vivía en su barco navegando por los mares, 

en busca de aventuras y tesoros  en las islas del Caribe.

Según cuenta la leyenda, llegó a una Isla  perdida, rodeada de monstruos marinos,

donde vivían caníbales  que tomaban prisioneros a quienes alli desembarcaban.

Brújula en mano, el mapa y su mochila emprendió la odisea, con  muchos

obstáculos en el camino, por montañas, llanuras, bosques y ríos.

Imaginaba encontrar un tesoro, con joyas  y  monedas de oro... 

Después de varios meses de infortunios, y noches de lluvias torrenciales

ya muy cansado,  perdía la esperanza.

De pronto ... un  hermoso castillo, de paredes blancas y grandes ventanales

bajo ese cielo turquesa, lleno de pájaros exóticos, que con sus melodías invitaban a  soñar.

Parecía irreal !!!...

La magia envolvía ese lugar, lleno de encanto,y tranquilidad.

- el castillo de los sueños?...

Nunca mas regresó  a  su barco pirata.                                                         


                                                 AUTORA:  Mirta Susana Maluenda

                                        Manuel Ocampo (Buenos Aires- Argentina)

miércoles, 19 de agosto de 2020

"El tesoro del pirata" (por Claudia Fernández) TALLER VIRTUAL 6

 

   Voy surcando los mares en mi barco, que he bautizado “Rigoberta” en honor a mi madre. Hoy el viento hincha las velas y mi barco corta el mar a rauda velocidad.

Desde mi lugar junto al timón, allá, en el horizonte, alcanzo a divisar tierra, casi al tiempo en que el vigía grita:

- ¡Tierra al frente mi capitán!

¡Estoy ansioso por llegar!

Entre las cosas que mi abuelo guarda, encontré un mapa que marca el lugar donde un viejo pirata escondió un gran tesoro. Mi abuelo me dijo que él ya no volvería a hacerse a la mar, pero yo sí! Yo seré un gran pirata, igual que lo fue mi abuelo y mi padre.

Encontraré el tesoro y lo repartiremos con mis hombres. Luego nos iremos a festejar a la posada de “El Tuerto” y tomaremos ron.

El “Rigoberta” ancla lejos de la costa y bajamos varios botes para acercarnos a la costa.

-Iremos navegando hacia la izquierda, buscando tres piedras verticales que están en la costa. –le explico a mi tripulación.

Todos asienten y bajamos hasta los botes con remos que nos esperan.

Después de un par de horas de remar rodeando la costa encontramos las tres piedras puestas en forma vertical que en el mapa las llaman “Las tres mujeres”.

-Muy bien, ya estamos más cerca –anuncio.

Mirando mi mapa, me sitúo a la par de las piedras y como me indica comienzo a contar los pasos seguido de cerca por mi tripulación. “Treinta pasos al frente”.

- ¿Será un gran tesoro capitán? –me pregunta un marinero.

-Así es – respondo- Este mapa dice que el pirata Maratoa escondió un tesoro resultado de varios pillajes a barcos, tiene que ser muy grande.

Completo los treinta pasos y llego al lugar señalado en el mapa como un árbol que tiene un puñal clavado. Lo buscamos y encontramos lo que ahora es un gran árbol con un cuchillo muy oxidado clavado en su tronco. De ahí cuento ciento cincuenta pasos a la derecha, caminando por entre el bosque de plantas de todo tipo que pueblan la isla, escuchando los sonidos de los animales del lugar.

Un marinero medio asustadizo me pregunta:

- ¿Capitán, habrá fantasmas en esta isla?

-No creo –le respondo, tratando de que no esté asustado.

Cuando llego al final de la cuenta de los pasos, encuentro la caverna que menciona el mapa y, cada vez más expectantes, entramos.

Cuento setenta pasos más y por fin llegamos al lugar donde en la pared de piedra hay una gran cruz marcada.

Nos apuramos a cavar con palas y picos, hasta que llegamos al cofre. Rápidamente lo sacamos y lo abrimos. ¡Quedamos maravillados ante tantos tesoros y…

- ¡Ramón! Ramoncitoooo vamos a levantarse que se hace tarde para ir a la escuelaaaa

- ¿Cómo la escuela? – protesto mientras trato de despertarme - ¡Soy un pirata que encontré el tesoro escondido! El abuelo me dio el mapa.

-Si Ramoncito, el abuelo te contará otro cuento hoy a la tarde cuando venga, pero ahora hay que ir a la escuela. Vamos, vamos, no te vuelvas a dormir.

¿Dormir? ¿Estaba soñando? ¡Ay, y yo creí que era un pirata que había encontrado el tesoro!

-Ramoncitoooo se hace tarde para la escuelaaaaa.

-Sí mamá, ya voy.

 

Autora: Claudia Fernández

Balcarce  (Buenos Aires – Argentina)

TALLER VIRTUAL 6

miércoles, 5 de agosto de 2020

"La historia de papá" (por Mónica Armando de Beltramone) TALLER VIRTUAL 6


     Como todas las noches, antes de dormirse, Paulina le pide a su papá; “¿Me contás una historia?”. El papá desarrolla  su relato  con algunas interrupciones.

-          Había una vez un pirata

-          ¡No, mejor un payaso!

-          Había una vez un payaso que vivía en un circo

-          ¡No, mejor en un barco!

-          Había una vez un payaso que vivía en un barco. Un día de mucha lluvia

-          ¡No, mejor de mucho sol!

-          Había una vez un payaso que vivía en un barco. Un día de mucho sol decidió escaparse

-          ¡No, mejor hacer gimnasia!

-          Había una vez un payaso que vivía en un barco. Un día de mucho sol decidió hacer gimnasia. Se vistió con un pantalón largo amarillo y una musculosa rayada

-          ¡No, mejor con un pantalón corto verde y una remera a cuadros!

-          Había una vez un payaso que vivía en un barco. Un día de mucho sol decidió hacer gimnasia. Se vistió con un pantalón corto verde y una remera a cuadros. Después se puso una peluca anaranjada

-          ¡No, mejor un sombrero con plumas!

-          Había una vez un payaso que vivía en un barco. Un día de mucho sol decidió hacer gimnasia. Se vistió con un pantalón corto verde y una remera a cuadros. Después se puso un sombrero con plumas. Estuvo casi una hora corriendo

-          ¡No, mejor haciendo saltos y sentadillas!

-          Había una vez un payaso que vivía en un barco. Un día de mucho sol decidió hacer gimnasia. Se vistió con un pantalón corto verde y una remera a cuadros. Después se puso un sombrero con plumas. Estuvo casi una hora haciendo saltos y sentadillas. De pronto resbaló y cayó al agua

-          ¡No, mejor descubrió un mapa en el piso que indicaba el lugar exacto de un tesoro!

-          Había una vez un payaso que vivía en un barco. Un día de mucho sol decidió hacer gimnasia. Se vistió con un pantalón corto verde y una remera a cuadros. Después se puso un sombrero con plumas. Estuvo casi una hora haciendo saltos y sentadillas. De pronto descubrió un mapa en el piso que indicaba el lugar exacto de un tesoro. Entonces el payaso se puso muy contento y pensó en convertirse en pirata para ir a buscar ese tesoro.

-          ¡Sí, me gusta papá! ¡Qué suerte que sabés contar historias, a mí no se me ocurre nada!

      El  papá sonríe, le da un beso y se va. Cuando cierra la puerta, Paulina saca desde debajo de su almohada  una libretita que en la tapa dice “Historias de papá” y un lápiz. Luego escribe:

      “Había una vez un pirata que vivía en un circo. Un día de mucha lluvia decidió escaparse. Se vistió con un pantalón largo amarillo y una musculosa rayada. Después se puso una peluca anaranjada. Estuvo casi una hora corriendo. De pronto se resbaló y cayó al agua.”

Paulina lee lo escrito y se da cuenta que le falta un final a esta historia.  Y la termina así:

      “Entonces el pirata vio a unos chicos que se reían de todas las piruetas que él hacía sobre el charco para poder levantarse  y pensó en convertirse en payaso”

     Y cuentan por ahí que el tesoro que descubrió  el pirata que antes era payaso fue un amigo payaso que antes era pirata. El lugar exacto del encuentro fue el que figuraba en el mapa, un enorme y mágico  charco  de agua formado por la lluvia tiempo atrás que nunca se evaporaba. Si pasan por allí verán a un payaso con cara de pirata haciendo piruetas en el agua  con su peluca anaranjada y a un pirata con cara de payaso pasando un  sombrero de plumas después de cada función.

AUTORA: Mónica Armando de Beltramone
Rafaela (Santa Fe- Argentina)

martes, 4 de agosto de 2020

"Un temible Tiranosaurio Rex" (por Georges René Weinstein Velásquez) TALLER VIRTUAL 6


(para Samuel, que construye sus propios caminos)

Se despertó sobresaltado. ¿Qué pasa Sami –preguntó su madre– tuviste una pesadilla? ¡No mami, no te preocupes, estoy de prisa, ¡creo que me voy de viaje! –dijo– y comenzó a sacar cosas de su closet. 

Luego de tomar milo de fresa, arrastró la gran caja de herramientas, luego otras, y regó todos los “legos” sobre el piso. En una de ellas se destacaban las instrucciones para armar un bote. Comenzó a construir uno grandísimo –su hermanita le ayudó –y lo nombró: ¡capitán Samu!–. Él armaba la quilla y ella la popa. Luego de terminada la embarcación le pidió al abuelo un pedazo “muy grande” de plástico (del rollo que custodiaba para cubrir los muebles y forrar los colchones, cuando era necesario). Fue acucioso al extenderlo y al poner el bote encima ideó la manera de fijarlo a las paredes, con los pines de unas fichas rojas –para volverlo impermeable. Diseñó una torre de vigilancia, con tres entradas secretas para poder esconderse o huir de los piratas, si se proponían seguirlos.

    Al contarle a su papá, que tenía una misión: la de encontrar una isla perdida y buscar un antiguo tesoro, su padre le preguntó: ¿y, si das con el islote y encuentras animales salvajes qué harás? Samu, sin inmutarse contestó, encogiendo los hombros: no hay problema ¡pa!, si hubiera leones o tigres ya se los habría comido un dinosaurio, y como ellos están extintos… ¡Es cierto, respondió el padre, están extintos! Luego, Samu se alejó y corrió hasta el balcón, en donde la abuelita entretenía, sentada en una silla de mimbre, las tardes repetidas; con prontitud le preguntó: ¡abue qué son extintos! 

     Cavilaba sobre el viaje, pero a su edad, ir solo era peligroso y daba miedo, por tal motivo decidió llamar a tres amigos. Acordaron encontrarse por la tarde, luego del almuerzo (esta vez no opuso resistencia para tomar sopa y comerse la ensalada). Se reunieron y juntaron dos palas de plástico, una linterna recargable, cuatro bolsas vacías, cuatro botellas con jugo, cuatro sándwiches y mecato…

  Entrada la oscuridad partieron, sigilosos, para evitar el encuentro con alguna goleta atiborrada de piratas. Se turnaban –de a dos– para remar. Entre el velo de niebla buscaron, acuciosamente, la isla, ayudados por el rayo tímido de la linterna; aguzaban los cansados ojos deseando hallar el delta de un río, que señalaría la primera escala del viaje. La travesía fue larga y plena de tropiezos; una ola les ocasionó la pérdida de un remo. Ninguno se atrevió a lanzarse al agua para buscarlo por miedo a los tiburones, que debían estar hambrientos por probar carne tierna de niño, pero afortunadamente lograron recuperarlo, con bastante esfuerzo. La siguiente tarea fue recomponerlo, debido a que los pedazos de lego se habían separado. Al alcanzar la costa estaban extenuados, y con el sueño embolatado. Ya en la playa, y luego de reponerse, se dispusieron a organizar la búsqueda, pero ninguno sabía cómo comenzar.

Habían caminado un poco, entrando a un bosque de árboles gigantes, cuando oyeron un gruñido descomunal. Se acurrucaron en un matorral, uno encima del otro, atemorizados, y se quedaron en silencio –como cuando el profesor ponía orden en el aula de clase–.

Se oyó una voz aguda que preguntó: ¿quién anda por ahí? Lo repitió varias veces, hasta que ellos dejaron el temor. ¡Somos nosotros, respondieron: cuatro niños que vinimos en un buque de legos! La voz, armoniosa, sonrió y les dijo: ¡no teman, soy un tiranosaurio Rex joven…pero! Y en efecto, era una tiranosauria Rex.

Samu recordó, y les narró, la leyenda que había visto en la TV, en el canal Discovery Kids, la única, se dice– que escapó del antiguo cataclismo, porque en ese instante estaba agazapada en una cueva, jugando escondidijos. Su madre y hermanos murieron mientras la buscaban; su padre se había ido, porque era la moda en esos tiempos. Luego –como estudioso de esa clase de bichos– los calmó diciéndoles: no le crean, se está mermando la edad, los dinos vivieron hace millones de años, ésta está muy vieja y no debe ser capaz de correr. Y, en efecto así era, apenas los miraba y movía la cabeza y gruñía.

El asombro fue enorme al escucharle decir: “Como ven, no puedo moverme; cazando a un tricerátopo resulté coja, al clavarse en mi pata derecha uno de sus cuernos, y luego quedé atrapada entre estos troncos. Cuando se terminó la reserva de carne, para no morir de hambre decidí nutrirme con hierba. Así que no teman, ya no soy carnívora.

Se quedaron haciéndole cosquillas con un palo, durante un rato, y se turnaban. Tiranosau… se revolcaba de risa. Luego, con calma y mucho esfuerzo fueron separando los palos y ramas que la tenían atrapada. 

Samu había soñado con el mapa, y la vaguedad del recuerdo le indicaba una equis cerca a lo que parecía una roca, pero no sabía cómo dar con tal montículo. ¡Estaba angustiado!, pero su nueva mejor amiga, les dijo: ¡eso, el tesoro, para mí no tiene interés! Y agradecida les indicó el camino, por el que sin contratiempos pudieron llegar hasta el sitio.

Al abrir el cofre no encontraron monedas ni joyas, solo paquetacos de galletas y dulces –frescos– elaborados en secreto por el panadero de la cocina de Thor. Una vez saciados regresaron con los bolsillos y las bolsas derramando golosinas; recompensaron a la dina que, satisfecha, movía la cola y musitaba coqueta: mmm. ¡Primera vez que me halagan con chocolatinas!  

Remaron toda la noche, ansiosos por regresar y contar su singular historia, y motivar con dulces a los que hicieran corrillo. (En este punto del periplo, el narrador les ayudó, al no atreverse a demorar el tiempo, deteniéndose en los detalles de las peripecias del regreso, que estuvo agitado con nuevos peligros).

La madre de Samu escuchó ruidos (como de agua arañando las rocas) y voces ligeras de niños. Continuó pensativa… y, casi a la hora del tinto, entredormida y trastabillando abrió la puerta del cuarto. Al encontrarlo debajo de la cama, protegiendo el bote y moviendo los brazos –como si remara– exclamó: ¡Sami! ¿Otra vez… huyendo de las pesadillas?

AUTOR: Georges René Weinstein Velásquez

Medellín  (Colombia)

"Felipe en la isla del tesoro" (por Sylvie Chedeville) TALLER VIRTUAL 6


En el barco de los piratas, los hombres eran muy rudos. La tripulación era de diez marineros. El capitán en esta importante expedición, había llevado con ellos a Felipe, su hijo de 9 años, y a su perro.

La mamá se quedó esperando en el  pueblo costero porque estaba por nacer un hermanito. La abuela se ocuparía de todo, pero no tenía tiempo para el niño.

Después de diez días de navegación, los piratas debían llegar a una isla, donde el abuelo del capitán había enterrado un gran tesoro. Según se contaba, oro y joyas traídos de un reino que ya no estaba en los mapas.

El capitán dormía unas horas, vigilado por su hombre de confianza y de noche estaba despierto para que los demás piratas no le roben el antiguo mapa de papel amarillento.

Felipe jugaba en la proa con Ovillo, su perrito.

A mitad de camino debieron parar a causa de otro barco pirata que los abordó, debiendo trabarse en lucha con ellos.

Felipe y Ovillo se escondieron en un gran rollo de sogas. En el fragor de la lucha, no se escucharon los quejidos y llantos de los dos amigos.

Los piratas enemigos se fueron, llevándose espadas, arcabuces y algunas provisiones.

En las horas siguientes, además de curar a los heridos, vieron para cuántos días de navegación les quedaban víveres.

El pirata Pata de Palo quiso deshacerse de Felipe y su perro, porque eran dos bocas menos para alimentar. El capitán lo hizo atar a un poste para bajarlo en la siguiente parada.

En una isla poblada pudieron reabastecerse y dejar a Pata de Palo.

Luego de siete días, llegaron a la isla señalada. Felipe y Ovillo bajaron con el grupo de piratas.

La isla era muy pequeña, por lo que fue sencillo encontrar el lugar indicado en el mapa.

Ovillo se escapó y Felipe corrió tras él.

Los piratas y el capitán, en el sitio señalado, solo hallaron un pozo profundo. El tesoro había sido robado quién sabe cuándo.

Los piratas, enojados, querían matar al capitán. En la discusión, nadie se dio cuenta que faltaba Felipe.

Ovillo seguía un rastro. Había olfateado el mapa del papá de Felipe, y el pozo y un rastro, buscaba con afán.

Cerca de una cascada que parecía de plata se sentó emitiendo un gemido.

Felipe les robó una pala a los piratas, que no lo vieron, y se puso a cavar hasta chocar con algo duro. Un poco asustado por una calavera que brillaba en la oscuridad, gritó, llamando a su padre.

Apareció el conjunto de los navegantes con el capitán a la cabeza. Los piratas más fuertes cavaron bien hondo para lograr sacar un gran cofre allí enterrado.

La codicia se apoderó de toda esa gentuza. Cuando lograron abrir el baúl, se dieron cuenta que era de oro forrado en cuero, pero adentro sólo había muchos bonitos vestidos de seda ajados por el tiempo.

Los hombres se amotinaron, tirando todo el  contenido, llevándose sólo el cofre al barco.

Dejaron al capitán, al contramaestre, a Felipe y Ovillo en tierra.

Los abandonados recorrieron la isla y juntaron frutas. Mientras comían, revisaron la ropa y encontraron, en cada prenda, bolsillos ocultos llenos de joyas y monedas de oro. Ese era el verdadero tesoro.

Luego de dos días en la costa, vieron acercarse un barco con bandera francesa. Escondiendo el tesoro entre sus pertenencias, pidieron auxilio.

Al ver al niño y al perro, los marinos franceses no desconfiaron de ellos y los llevaron  a tierra firme.

Ya en el pueblo costero, llegaron a su casa, donde conocieron a Vera, la nueva hermanita de Felipe

Con ese tesoro encontrado no pasarían nunca más hambre ni frío.

Y si quieren saber qué pasó con los piratas malvados, terminaron sus días pobres, en la cárcel, porque trataron de vender el cofre que era de oro falso.

AUTORA: Sylvie Chedeville
Santa Clara del Mar (Buenos Aires- Argentina)

sábado, 1 de agosto de 2020

"Mi cuerpo" (por Juan Herrón González) TALLER VIRTUAL 6


Destruyó todo cuanto se había puesto en su camino. Hundió carracas, carabelas, galeras, galeones, navíos, goletas, corbetas, e incluso, fragatas. Nada se le resistía a su paso. Era el ladrón de los mares y océanos más temido. El capitán y pirata HeadofBones, era el pirata número uno por antonomasia. Le conocían a lo largo y ancho de los mares de los peces; de los ríos y afluentes de las tribus reductoras de cabezas; de los bosques perdidos de la luz del sol y sus afluentes en forma de lagos vidriosos; en las islas de los esqueletos andantes; en la zona de los árboles muertos y el gran árbol carbonizado. Era una leyenda viviente a lo largo y ancho de los mares y océanos; se decía, que incluso pudo pescar peces mágicos más allá de la isla de los reductores de cabezas; allí donde los peces tenían poderes y concedían deseos a los que eran capaces de pescarlos. Y que había estado en las montañas heladas del paso angosto.

Sin embargo, estaba tan cerca y tan lejos de querer conseguir lo que más deseaba: un cuerpo. Había tomado contacto con los esqueletos asesinos de la isla del hueso, y aunque los había sometido a todos ellos, ninguno supo darle con la fórmula mágica, ni hechizo ni conjuro, que les permitiera devolverle la carne a los huesos ¡Lo que tanto deseaba a lo largo y ancho del mundo! Sentir el peso de la carne, los músculos, tendones y articulaciones que le dieran un cuerpo para cubrir ese armazón de hueso que era ahora.

Pensó en consultar a algunos hechiceros y brujos de la zona, pero según decían, en la isla madre, la isla más grande y que eran los límites del mundo, y que contenían a las demás islas, era un bulo, una mentira construida para dar esperanzas a los más desamparados y conferir un halo de gracia y de magia a los que quisieran creer en ellos.

Nadie había visto jamás a uno. Como nadie había escapado a la conquista de HeadofBones, pues había conseguido conquistar la isla madre y todas las demás, con la ayuda de su ingenio, astucia y pericia, además del arrojo y valentía de sus hombres; que dicho sea de paso, eran hombres bajo el influjo y la valentía de su capitán, que les había impresionado tanto y entusiasmado a partes iguales, que decidieron seguirle y ponerse bajo sus órdenes, además del claro botín que se llevarían por ello.

El barco de HeadofBones, no se quedaba atrás. Era un impresionante buque de guerra, que se decía, que era inmune a los disparos de cañones y otras armas arrojadizas; que era un barco como los huesos de su dueño, que aunque le infligieras cualquier tipo de daño, este era reparado al instante, como fruto de un halo místico con la mismísima muerte. Atracado en uno de los puertos de la isla madre, HeadofBones, se había decantado por encontrar a algunos de esos monjes místicos, que tal vez, con sus oscuras y raras artes, serían capaces de devolverle un cuerpo. Había matado alguno de sus hombres y lo había arrojado al mar, en momentos de frustración, lo que le hacía todavía más temido entre su tripulación. No obstante, HeadofBones sabía que la respuesta tenía que estar en alguna parte, aunque los peces mágicos que hubiera pescado en aquella isla mágica, sólo hubiera servido para aumentar su escepticismo. Y no hubiera monjes.

Sin embargo, él sabía que tenía contacto con una deidad superior a él. Sus hombres lo habían visto también, y era, precisamente, lo que él estaba buscando: saber si ese ente superior sería capaz de devolverle su cuerpo, de dárselo sin concesiones.

Había veces en las que había querido mover una mano de hueso, y no podía; otras, la mano se le movía sola, al igual que el brazo, y después, la brújula del barco se volvía loca, deambulando de un lado para otro, sin un rumbo fijo. También había comprobado que le aparecían unos números encima de su cabeza, sobre todo cuando había explorado zonas nuevas en la isla madre, como la isla de los esqueletos de hueso, o la zona de los reductores de cabezas, la de los árboles escondidos, o la zona del árbol muerto; también en la isla de los peces mágicos; cuando hacía algo subían los números, y cuando recibía algún tipo de daño, el que fuera, los números, bajaban. No sabía el porqué era esto, pero era una ley inmutable. Se había propuesto averiguarlo, y para ello, trataba de resistirse a los deseos de esa fuerza superior, para ver, si de alguna manera y al resistirse, conseguía llamar su atención.

Pero había sido en vano. Incluso cuando había recibido los daños más graves, cuando algún hueso se había salido de su sitio, se había roto y regenerado al instante, sólo tenía constancia de que esos puntos decrecían, no de nada más. También estaba la fuerza a que se resistía cuando le movía alguna extremidad del cuerpo sin que él quisiera, que era la mayor parte del tiempo.

Tenía que tomar contacto con aquella fuerza superior, y no sabía cómo, a no ser que fuera con artes oscuras de las que él no disponía ni la instrucción ni el saber necesario para ello. Sus hombres también se habían quedado de piedra al verle actuar como si estuviera poseído por otro ente; y se santiguaban y recitaban letanías en otras lenguas y la suya propia al ver este fenómeno. Todos se habían preguntado por esos números en la cabeza y por los extraños poderes que estaban alrededor de él y de su barco. En los combates más encarnizados estaba patente este hecho, en varios de los océanos que había conquistado en la isla madre, los daños se reparaban al instante, mientras que esos números decrecían rápidamente, además de subir cuando había daño a otro barco enemigo, lo abordada y lo conquistaba.

Sus hombres le habían dado forma a una enorme estatuilla de cerámica con la forma del ladrón de los mares, HeadofBones, que llevaba en la popa del barco, en una inmensa forma de él con sus números en la cabeza. Porque, sus hombres, estaban convencidos de que él había sido elegido, y esa forma de estatuilla enorme en la popa del barco, les traería suerte y les protegería de cualquier desgracia o infortunio.

Estaba la carpa de una feria, en ella, había un niño jugando al videojuego, HeadofBones, el señor de los mares y océanos, a punto de batir el récord de otro jugador anterior, mientras el muñeco de HeadofBones, buscaba su cuerpo a lo largo y ancho de la isla madre, a medida que la madre del chico, le decía que ya era tarde, que mañana volvería a jugar. Y otros jugadores nuevos, intentaban encontrar el cuerpo de HeadofBones, el ladrón de los mares, el esqueleto sin carne más temido, y como su forma, se movía de manera muy viva, con cada jugador. ¡Parece que está vivo!, se decían entre ellos.


AUTOR: Juan Herrón González 

Madrid (ESPAÑA)

TALLER VIRTUAL 6