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LIBROS PUBLICADOS POR LA AUTORA
(poesía y narrativa)
"DE LOS HIJOS" (2014)- Ediciones Mis Escritos (Bs. As.)

Rincones y Acuarelas I (Poesía) -2019- La Imprenta digital (Bs. As)

Rincones y Acuarelas II (Narrativa)- 2019- La Imprenta digital (Bs. As.)

Los encontrarás:
En Rafaela (Santa Fe): en Librerías "EL SABER", "PAIDEIA" y "FABER".
En San Francisco (Córdoba): en Librería "COLLINO"
y en otras librerías del país.

miércoles, 12 de agosto de 2020

"La búsqueda del tesoro" (por Guadalupe Campos Echazú) TALLER VIRTUAL 6

 

Con mi familia estábamos muy contentos por ir a Córdoba de vacaciones. Fuimos al aeropuerto a esperar al avión. Cuando llegó nos subimos los diez nietos, dos abuelos, tres tíos y mamá.                                            Al llegar al hotel luego de dejar el equipaje empezó la diversión. A jugar con mis primos que son todos varones, Joako, Emilio, Felix, Tomás, July, Bauti, Dante, Santiago, mi hermano Fermín y yo. Armamos grupos pero ellos ganaron todo.

Al rato vino mamá con un mapa en la mano, parecía un mapa antiguo de piratas. Nos contó que en el hotel organizaron la búsqueda del tesoro y que ese era el mapa que nos guiaría. Fuimos al árbol de la primera pista en él había un papel clavado con un cuchillo que decía “donde hay más árboles?”

____En el bosque_ dijo Emilio. 

Fuimos todos corriendo hacia allí, buscamos y buscamos por todas partes                                      

_____ Aquí la encontré___gritó Bauti. La próxima estará en el río.  

En Córdoba los ríos son angostos, no como nuestro Paraná, por eso son fáciles de cruzar. El mapa mostraba un cruce de río. Al llegar primero July a una enorme roca la corrío un poco, es muy fuerte mi primo, y ahí estaba la siguiente pista “Donde están los adultos hay una cruz marcada” Dante, el mayor sonriendo nos mandó al bar del hotel, en el medio de la pista había una cruz, una cabeza de pirata y una flecha que señalaba las sillas. Arriba de una de ellas un enorme cartón con el dibujo de la playa diciendo “Están muy cerca”. Al llegar adonde se encontraban las lanchas la última decía “Donde festejó Guada su último cumpleaños?”  Corrimos todos y allí encontramos una enorme bolsa con caramelos.  

La llevamos para compartir con los adultos pero acá no termina. El último día mamá tenía otra sorpresa: un montón de bombones de chocolate para comer en el avión de regreso.

AUTORA: Guadalupe Campos Echazú

-10 años-

Rosario (Santa Fe- Argentina)

TALLER VIRTUAL 6

martes, 11 de agosto de 2020

"Crespón...el pirata" (por Francia Sarich Gironelli) TALLER VIRTUAL 6

 

Crespón vivía en un lugar lejano -sin nombre – a orillas del mar junto a sus compañeros piratas, pero él era el Rey. Vestía remera azul, sombrero azul y rojo, tenía un garfio y en la oreja llevaba dos aretes. Un día las olas arrastraron hasta  la orilla  a una botella con un papel adentro.

De inmediato  Crespón la rompió con una piedra y grande fue su sorpresa al descubrir un extraño mapa, donde señalaba que allí se escondía el tesoro que él estaba buscando. Entonces, llamó a los piratas que dormían en la cabaña  y les ordenó: _ ¡De prisa, hay que arreglar el barco y lanzarnos al mar!_ mientras rascándose la barba se preguntaba: _¿cómo podré encontrar el tesoro con este mapa tan difícil?_

Esa misma tarde zarparon rumbo al Norte. Después de varios días de navegar, llegaron por fin a la tierra de los dioses, sobresaltados al escuchar el rugido de los monstruos, que habitaban bajo las aguas.

El Dios más poderoso se dio cuenta que venían por el tesoro, fue así que armó  un equipo para defenderlo y se enfrentaron   en una batalla épica.  Después, Crespón solo y  malherido –perseguido por los monstruos- corrió hacia el barco, llevándose como único tesoro el collar que le robó al  Dios mayor, quien quedó herido de muerte sobre la arena.

AUTORA: Francia Sarich Gironelli

5 años (con ayuda de su abuela Margarita Filiputti)

Armstrong (Santa Fe – Argentina) 

TALLER VIRTUAL 6


"Un niño pirata" (por Gloria Isabel Ramírez Echeverri) TALLER VIRTUAL 6

 

Para ser un pirata,

un papá debe ayudar,

crear un barco con amor y tesón.

 

Una mamá salir a comprar,

un vestido de pirata para presumir.

Con mi perrito Capi que me ha de acompañar, con alegría y amor.

La espada no debe faltar y a la mar me he de lanzar.

 

Morgan es mi nombre,

de admiración a un pirata que ya existió.

 

A los otros niños aconsejo,

aprender a nadar,

el mar puede ser peligroso

y una sorpresa te puedes llevar.

 

Salgo en mi barca con mi espada y Capi a navegar,  

voy en busca de un tesoro que debo encontrar,

por eso llevo mi mapa y mi espada a pelear,

y me encuentro niños piratas con los que voy a luchar, 

le digo a Capi que salgamos a cantar,

y que un tesoro debemos topar.

como soy fuerte empiezo a pelear

y el barco a navegar,

Dominios lejanos he de alcanzar.

 

Me bajo en tierra con Capi y me pongo a caminar,

Pues una ruta debemos buscar,

y  un tesoro vamos a hallar.

 

En un mapa puedo mirar,

la aventura ha de empezar, fieras quiero dominar 

y caminos aspiro a recorrer.

 

Un tesoro a la vista puedo tener,

una sorpresa adentro pido encontrar,

al abrir el cofre pienso mirar.

 

Al destapar debo encontrar,

aquello que vine a buscar,

y  mirar con agrado lo que he de encontrar.

 

He de sorprenderme con lo que he de mirar,

efectivamente estoy sorprendido,

muchas moneditas de oro puedo observar.

 

Al observar las moneditas de oro,

pude concluir,

con gran emoción,

que eran de chocolate para disfrutar.

 

AUTORA: Gloria Isabel Ramírez Echeverri

Medellín (Colombia)

TALLER VIRTUAL 6

domingo, 9 de agosto de 2020

"Miedo, a la nada" (por Lidia Leticia Risso) TALLER VIRTUAL 6

 

Viejo

continente

de eximios

piratas

 

Sueños,

de tempestades

hartas

 

Brújulas

sin rumbo,

islas solitarias

 

Silencios

que le gritan

a las sombras,

ecos,

que se pronuncian,

soles,

que se dilatan

 

Viento,

carente de oxígeno,

noche callada

 

Se extraña,

lo nunca visto,

tal vez,

el misterio,

o el miedo

a la nada.

AUTORA: Lidia Leticia Risso

Buenos Aires (Argentina)

TALLER VIRTUAL 6


miércoles, 5 de agosto de 2020

"La historia de papá" (por Mónica Armando de Beltramone) TALLER VIRTUAL 6


     Como todas las noches, antes de dormirse, Paulina le pide a su papá; “¿Me contás una historia?”. El papá desarrolla  su relato  con algunas interrupciones.

-          Había una vez un pirata

-          ¡No, mejor un payaso!

-          Había una vez un payaso que vivía en un circo

-          ¡No, mejor en un barco!

-          Había una vez un payaso que vivía en un barco. Un día de mucha lluvia

-          ¡No, mejor de mucho sol!

-          Había una vez un payaso que vivía en un barco. Un día de mucho sol decidió escaparse

-          ¡No, mejor hacer gimnasia!

-          Había una vez un payaso que vivía en un barco. Un día de mucho sol decidió hacer gimnasia. Se vistió con un pantalón largo amarillo y una musculosa rayada

-          ¡No, mejor con un pantalón corto verde y una remera a cuadros!

-          Había una vez un payaso que vivía en un barco. Un día de mucho sol decidió hacer gimnasia. Se vistió con un pantalón corto verde y una remera a cuadros. Después se puso una peluca anaranjada

-          ¡No, mejor un sombrero con plumas!

-          Había una vez un payaso que vivía en un barco. Un día de mucho sol decidió hacer gimnasia. Se vistió con un pantalón corto verde y una remera a cuadros. Después se puso un sombrero con plumas. Estuvo casi una hora corriendo

-          ¡No, mejor haciendo saltos y sentadillas!

-          Había una vez un payaso que vivía en un barco. Un día de mucho sol decidió hacer gimnasia. Se vistió con un pantalón corto verde y una remera a cuadros. Después se puso un sombrero con plumas. Estuvo casi una hora haciendo saltos y sentadillas. De pronto resbaló y cayó al agua

-          ¡No, mejor descubrió un mapa en el piso que indicaba el lugar exacto de un tesoro!

-          Había una vez un payaso que vivía en un barco. Un día de mucho sol decidió hacer gimnasia. Se vistió con un pantalón corto verde y una remera a cuadros. Después se puso un sombrero con plumas. Estuvo casi una hora haciendo saltos y sentadillas. De pronto descubrió un mapa en el piso que indicaba el lugar exacto de un tesoro. Entonces el payaso se puso muy contento y pensó en convertirse en pirata para ir a buscar ese tesoro.

-          ¡Sí, me gusta papá! ¡Qué suerte que sabés contar historias, a mí no se me ocurre nada!

      El  papá sonríe, le da un beso y se va. Cuando cierra la puerta, Paulina saca desde debajo de su almohada  una libretita que en la tapa dice “Historias de papá” y un lápiz. Luego escribe:

      “Había una vez un pirata que vivía en un circo. Un día de mucha lluvia decidió escaparse. Se vistió con un pantalón largo amarillo y una musculosa rayada. Después se puso una peluca anaranjada. Estuvo casi una hora corriendo. De pronto se resbaló y cayó al agua.”

Paulina lee lo escrito y se da cuenta que le falta un final a esta historia.  Y la termina así:

      “Entonces el pirata vio a unos chicos que se reían de todas las piruetas que él hacía sobre el charco para poder levantarse  y pensó en convertirse en payaso”

     Y cuentan por ahí que el tesoro que descubrió  el pirata que antes era payaso fue un amigo payaso que antes era pirata. El lugar exacto del encuentro fue el que figuraba en el mapa, un enorme y mágico  charco  de agua formado por la lluvia tiempo atrás que nunca se evaporaba. Si pasan por allí verán a un payaso con cara de pirata haciendo piruetas en el agua  con su peluca anaranjada y a un pirata con cara de payaso pasando un  sombrero de plumas después de cada función.

AUTORA: Mónica Armando de Beltramone
Rafaela (Santa Fe- Argentina)

martes, 4 de agosto de 2020

"Un temible Tiranosaurio Rex" (por Georges René Weinstein Velásquez) TALLER VIRTUAL 6


(para Samuel, que construye sus propios caminos)

Se despertó sobresaltado. ¿Qué pasa Sami preguntó su madre– tuviste una pesadilla? ¡No mami, no te preocupes, estoy de prisa, ¡creo que me voy de viaje! –dijo y comenzó a sacar cosas de su closet. 

Luego de tomar milo de fresa, arrastró la gran caja de herramientas, luego otras, y regó todos los “legos” sobre el piso. En una de ellas se destacaban las instrucciones para armar un bote. Comenzó a construir uno grandísimo –su hermanita le ayudó –y lo nombró: ¡capitán Samu!–. Él armaba la quilla y ella la popa. Luego de terminada la embarcación le pidió al abuelo un pedazo “muy grande” de plástico (del rollo que custodiaba para cubrir los muebles y forrar los colchones, cuando era necesario). Fue acucioso al extenderlo y al poner el bote encima ideó la manera de fijarlo a las paredes, con los pines de unas fichas rojas –para volverlo impermeable. Diseñó una torre de vigilancia, con tres entradas secretas para poder esconderse o huir de los piratas, si se proponían seguirlos.

    Al contarle a su papá, que tenía una misión: la de encontrar una isla perdida y buscar un antiguo tesoro, su padre le preguntó: ¿y, si das con el islote y encuentras animales salvajes qué harás? Samu, sin inmutarse contestó, encogiendo los hombros: no hay problema ¡pa!, si hubiera leones o tigres ya se los habría comido un dinosaurio, y como ellos están extintos… ¡Es cierto, respondió el padre, están extintos! Luego, Samu se alejó y corrió hasta el balcón, en donde la abuelita entretenía, sentada en una silla de mimbre, las tardes repetidas; con prontitud le preguntó: ¡abue qué son extintos! 

     Cavilaba sobre el viaje, pero a su edad, ir solo era peligroso y daba miedo, por tal motivo decidió llamar a tres amigos. Acordaron encontrarse por la tarde, luego del almuerzo (esta vez no opuso resistencia para tomar sopa y comerse la ensalada). Se reunieron y juntaron dos palas de plástico, una linterna recargable, cuatro bolsas vacías, cuatro botellas con jugo, cuatro sándwiches y mecato

  Entrada la oscuridad partieron, sigilosos, para evitar el encuentro con alguna goleta atiborrada de piratas. Se turnaban –de a dos– para remar. Entre el velo de niebla buscaron, acuciosamente, la isla, ayudados por el rayo tímido de la linterna; aguzaban los cansados ojos deseando hallar el delta de un río, que señalaría la primera escala del viaje. La travesía fue larga y plena de tropiezos; una ola les ocasionó la pérdida de un remo. Ninguno se atrevió a lanzarse al agua para buscarlo por miedo a los tiburones, que debían estar hambrientos por probar carne tierna de niño, pero afortunadamente lograron recuperarlo, con bastante esfuerzo. La siguiente tarea fue recomponerlo, debido a que los pedazos de lego se habían separado. Al alcanzar la costa estaban extenuados, y con el sueño embolatado. Ya en la playa, y luego de reponerse, se dispusieron a organizar la búsqueda, pero ninguno sabía cómo comenzar.

Habían caminado un poco, entrando a un bosque de árboles gigantes, cuando oyeron un gruñido descomunal. Se acurrucaron en un matorral, uno encima del otro, atemorizados, y se quedaron en silencio –como cuando el profesor ponía orden en el aula de clase–.

Se oyó una voz aguda que preguntó: ¿quién anda por ahí? Lo repitió varias veces, hasta que ellos dejaron el temor. ¡Somos nosotros, respondieron: cuatro niños que vinimos en un buque de legos! La voz, armoniosa, sonrió y les dijo: ¡no teman, soy un tiranosaurio Rex joven…pero! Y en efecto, era una tiranosauria Rex.

Samu recordó, y les narró, la leyenda que había visto en la TV, en el canal Discovery Kids, la única, se dice– que escapó del antiguo cataclismo, porque en ese instante estaba agazapada en una cueva, jugando escondidijos. Su madre y hermanos murieron mientras la buscaban; su padre se había ido, porque era la moda en esos tiempos. Luego –como estudioso de esa clase de bichos– los calmó diciéndoles: no le crean, se está mermando la edad, los dinos vivieron hace millones de años, ésta está muy vieja y no debe ser capaz de correr. Y, en efecto así era, apenas los miraba y movía la cabeza y gruñía.

El asombro fue enorme al escucharle decir: “Como ven, no puedo moverme; cazando a un tricerátopo resulté coja, al clavarse en mi pata derecha uno de sus cuernos, y luego quedé atrapada entre estos troncos. Cuando se terminó la reserva de carne, para no morir de hambre decidí nutrirme con hierba. Así que no teman, ya no soy carnívora.

Se quedaron haciéndole cosquillas con un palo, durante un rato, y se turnaban. Tiranosau… se revolcaba de risa. Luego, con calma y mucho esfuerzo fueron separando los palos y ramas que la tenían atrapada. 

Samu había soñado con el mapa, y la vaguedad del recuerdo le indicaba una equis cerca a lo que parecía una roca, pero no sabía cómo dar con tal montículo. ¡Estaba angustiado!, pero su nueva mejor amiga, les dijo: ¡eso, el tesoro, para mí no tiene interés! Y agradecida les indicó el camino, por el que sin contratiempos pudieron llegar hasta el sitio.

Al abrir el cofre no encontraron monedas ni joyas, solo paquetacos de galletas y dulces –frescos– elaborados en secreto por el panadero de la cocina de Thor. Una vez saciados regresaron con los bolsillos y las bolsas derramando golosinas; recompensaron a la dina que, satisfecha, movía la cola y musitaba coqueta: mmm. ¡Primera vez que me halagan con chocolatinas!  

Remaron toda la noche, ansiosos por regresar y contar su singular historia, y motivar con dulces a los que hicieran corrillo. (En este punto del periplo, el narrador les ayudó, al no atreverse a demorar el tiempo, deteniéndose en los detalles de las peripecias del regreso, que estuvo agitado con nuevos peligros).

La madre de Samu escuchó ruidos (como de agua arañando las rocas) y voces ligeras de niños. Continuó pensativa… y, casi a la hora del tinto, entredormida y trastabillando abrió la puerta del cuarto. Al encontrarlo debajo de la cama, protegiendo el bote y moviendo los brazos –como si remara– exclamó: ¡Sami! ¿Otra vez… huyendo de las pesadillas?

AUTOR: Georges René Weinstein Velásquez

Medellín  (Colombia)

"Felipe en la isla del tesoro" (por Sylvie Chedeville) TALLER VIRTUAL 6


En el barco de los piratas, los hombres eran muy rudos. La tripulación era de diez marineros. El capitán en esta importante expedición, había llevado con ellos a Felipe, su hijo de 9 años, y a su perro.

La mamá se quedó esperando en el  pueblo costero porque estaba por nacer un hermanito. La abuela se ocuparía de todo, pero no tenía tiempo para el niño.

Después de diez días de navegación, los piratas debían llegar a una isla, donde el abuelo del capitán había enterrado un gran tesoro. Según se contaba, oro y joyas traídos de un reino que ya no estaba en los mapas.

El capitán dormía unas horas, vigilado por su hombre de confianza y de noche estaba despierto para que los demás piratas no le roben el antiguo mapa de papel amarillento.

Felipe jugaba en la proa con Ovillo, su perrito.

A mitad de camino debieron parar a causa de otro barco pirata que los abordó, debiendo trabarse en lucha con ellos.

Felipe y Ovillo se escondieron en un gran rollo de sogas. En el fragor de la lucha, no se escucharon los quejidos y llantos de los dos amigos.

Los piratas enemigos se fueron, llevándose espadas, arcabuces y algunas provisiones.

En las horas siguientes, además de curar a los heridos, vieron para cuántos días de navegación les quedaban víveres.

El pirata Pata de Palo quiso deshacerse de Felipe y su perro, porque eran dos bocas menos para alimentar. El capitán lo hizo atar a un poste para bajarlo en la siguiente parada.

En una isla poblada pudieron reabastecerse y dejar a Pata de Palo.

Luego de siete días, llegaron a la isla señalada. Felipe y Ovillo bajaron con el grupo de piratas.

La isla era muy pequeña, por lo que fue sencillo encontrar el lugar indicado en el mapa.

Ovillo se escapó y Felipe corrió tras él.

Los piratas y el capitán, en el sitio señalado, solo hallaron un pozo profundo. El tesoro había sido robado quién sabe cuándo.

Los piratas, enojados, querían matar al capitán. En la discusión, nadie se dio cuenta que faltaba Felipe.

Ovillo seguía un rastro. Había olfateado el mapa del papá de Felipe, y el pozo y un rastro, buscaba con afán.

Cerca de una cascada que parecía de plata se sentó emitiendo un gemido.

Felipe les robó una pala a los piratas, que no lo vieron, y se puso a cavar hasta chocar con algo duro. Un poco asustado por una calavera que brillaba en la oscuridad, gritó, llamando a su padre.

Apareció el conjunto de los navegantes con el capitán a la cabeza. Los piratas más fuertes cavaron bien hondo para lograr sacar un gran cofre allí enterrado.

La codicia se apoderó de toda esa gentuza. Cuando lograron abrir el baúl, se dieron cuenta que era de oro forrado en cuero, pero adentro sólo había muchos bonitos vestidos de seda ajados por el tiempo.

Los hombres se amotinaron, tirando todo el  contenido, llevándose sólo el cofre al barco.

Dejaron al capitán, al contramaestre, a Felipe y Ovillo en tierra.

Los abandonados recorrieron la isla y juntaron frutas. Mientras comían, revisaron la ropa y encontraron, en cada prenda, bolsillos ocultos llenos de joyas y monedas de oro. Ese era el verdadero tesoro.

Luego de dos días en la costa, vieron acercarse un barco con bandera francesa. Escondiendo el tesoro entre sus pertenencias, pidieron auxilio.

Al ver al niño y al perro, los marinos franceses no desconfiaron de ellos y los llevaron  a tierra firme.

Ya en el pueblo costero, llegaron a su casa, donde conocieron a Vera, la nueva hermanita de Felipe

Con ese tesoro encontrado no pasarían nunca más hambre ni frío.

Y si quieren saber qué pasó con los piratas malvados, terminaron sus días pobres, en la cárcel, porque trataron de vender el cofre que era de oro falso.

AUTORA: Sylvie Chedeville
Santa Clara del Mar (Buenos Aires- Argentina)

"El pirata Jackson" (por Graciela Brown) TALLER VIRTUAL 6


Jackson era un pirata

sin un parche en el ojo,

Guardaba en un cofre antiguo

cuatro pares de anteojos.

 

Jackson era un pirata

sin una pata de palo.

Usaba botas altas

y camisas con volados.

 

Jackson era un pirata

sin un garfio en la mano.

Escribía en su bitácora

con una pluma de pavo.

 

Jackson era el pirata

de un barquito de papel

que escondía en el bolsillo

cuando no era el timonel.


AUTORA: Graciela Brown

Gral. Rivas. Suipacha (Buenos Aires- Argentina)

TALLER VIRTUAL 6


"Te busco" (por Liliana Ravasio) TALLER VIRTUAL 6


Más de media vida te he buscado

segura de sentirme afortunada

sólo cuando te haya encontrado.

Empeñé sueños, atravesé océanos,

luché contra piratas, enfrenté huracanes,

la fragilidad de mis manos

aferrada a un timón quebrado.

Quizás la distancia que nos separaba

se mediría con un dedo meñique,

el hielo que nos alejaba

se derretiría con mi aliento

o el silencio que se elevaba guerrero

sucumbiría ante mi cabello al viento.

Más de media vida te he buscado.

Descifré mapas, empolvé caminos,

busqué señales atando cabos.

Enfrenté monstruos, desorienté brújulas,

acaricié calaveras, perforé desiertos.

Maldije y recé, lloré y bailé,

pero en súplicas fracasé.

Intenté con sonrisas y miradas,

con metáforas y poesías

pero ante nada sucumbías.

- - -

A punto de rendirme

y cuando la vida se me disipaba

te veo a lo lejos

entre relámpagos y estrellas,

entre palomas y espadas.

Se diluye toda distancia,

se derrite el hielo

y sucumbe el silencio

mientras con una sonrisa

de ti me despido.

                               AUTORA: Liliana Ravasio

                            Rafaela (Santa Fe- Argentina)

 

TALLER VIRTUAL 6


El tesoro del capitán ”Fogata” (por Roberto Daniel Martinez Lastra) TALLER VIRTUAL 6



Le contaré la historia

de un tesoro pirata

enterrado en una isla

por el capitán “Fogata”.

 

Era malo el capitán

era malo entre piratas

solo tenía un ojo,

una mano y una pata.

 

La isla estaba rodeada

por feroces tiburones

arrecifes y altas rocas

que hundían embarcaciones.

 

Solo el capitán “Fogata”

Sabía lo del tesoro

y lo dibujo en un mapa

al cual escondió de todos.

 

Todos hablaban y hablaban

del tesoro de “Fogata”

que era rico y conocido

por ser malo y por pirata.

 

Y colorín colorado

lo buscaron y buscaron

al tesoro del pirata

pero nadie lo ha encontrado.

 

AUTOR: Roberto Daniel Martinez Lastra  

Tandil (Buenos Aires-Argentina)

TALLER VIRTUAL 6

"La ronda del pirata" (por Cristina Noguera) TALLER VIRTUAL 6


EL pirata Malapata

lleva espada de lata

le gustan los caramelos

y también los buñuelos.

 

El pirata Malapata

es amigo de doña rata

quien es muy paseandera

y  sube alto la escalera.

 

El pirata Malapata

juega con la perra Cata

los dos hacen una ronda

que es toda redonda.

 

AUTORA: Cristina Noguera 

Pergamino (Buenos Aires- Argentina)

TALLER VIRTUAL 6


"Melodía perfecta" (por Liliana Ravasio) TALLER VIRTUAL 5



Me quiere, no me quiere . . .

Caminaba hacia el piano

deshojando una rosa

y los pétalos a mi espalda

se burlaban en silencio.

Los pies en la alfombra

tallaban mi desconcierto

y una lágrima de sangre

me asomaba entre los dedos.

Me quiere, no me quiere . . .

La flor más liviana y la duda

a mi corazón aferrada.

El trago de vino sobrado

aquella última cita

marcaba sobre mis labios

la profundidad de una herida.

Me quiere, no me quiere . . .

En la penumbra de su rincón

sumiso el piano me esperaba.

La rosa, el vino y las teclas

arrancaban  de mí

                              una melodía perfecta.

 

                                                               AUTORA: Liliana Ravasio

                                                               Rafaela (Santa Fe- Argentina)

TALLER VIRTUAL 5

"Sueño de amor" (por Graciela Brown) TALLER VIRTUAL 5



Tardé mucho en aceptar la cita. Si bien es cierto que le contesté de inmediato que sí, que iría, no te preocupes ¿a las nueve? Sí, está bien. No eches la llave a la puerta si llegás antes. Después dudé y maldije el haberme apresurado. Me preguntaba cuál era el motivo para ese encuentro. Convengamos que él me gustaba, pero ¿para tanto?
Pensé en no ir, total no era una cuestión de vida o muerte. Era muuuyyy apuesto, es verdad, pero me aburría un poco: no hablaba mucho, en la oficina pasaba desapercibido, siempre con ese aire triste que resultaba irritante. Nadie le conocía una novia o una amiga. Creo que, en el fondo, me obligué a cumplir mi palabra por curiosidad. 
Nos veríamos en el estudio de Ricardo, lugar estratégicamente elegido por mí para qu , en caso de mortal aburrimiento, con la excusa de buscar unas partituras olvidadas sobre el piano, huiría sin dudar.
Me vestí normal, como para ir al trabajo. Algo de maquillaje. Nada seductor. Normal.
Llegué al estudio y la puerta estaba abierta. Bien, pensé. Puntual. La única lámpara encendida enfocaba el piano abierto. Era agradable esa penumbra. Sobre las teclas, al borde izquierdo, una rosa roja. Cursi, pensé. Una copa de vino a medio llenar esperaba sobre el piano. Quise tomarla por el pie y cayó sobre el teclado. Por suerte, sin derramarse. Me sorprendió y alegró a la vez el no haber provocado un lío. La levanté y aprecié su aroma.
-Buenas noches- saludó él, a mi espalda. Dí un respingo.
-Hola- contesté, toda confusa. De pronto, me ganaron los nervios.
Pedro estaba impecable con su traje negro y la camisa blanca, sin corbata. Tragué saliva. Él sonrió. Su sonrisa era hermosamente masculina, sin ese aire irritantemente triste que le conocía. Tomó la rosa, la besó y me la entregó mirándome a los ojos.  Se sentó en el taburete, acarició las teclas y sus manos comenzaron a hablar con suavidad, con fuerza, con pasión.
Me hablaron de un sueño de amor. Su rostro amaba. Su cuerpo amaba. Me miró. Me amaba con cada acorde, con los ojos, con los dientes.
Dejé de escuchar y comencé a sentir.
A los seis meses nos casamos.
AUTORA: Graciela Brown
Suipacha (Buenos Aires- Argentina)

domingo, 2 de agosto de 2020

"Una tonada celestial" (por Linda Tatiana Toro Zapata) TALLER VIRTUAL 5


Lilith tiro el lápiz sobre la mesita de noche junto al celular, cuando abrió sus ojos pensando en la razón de levantarse a la misma hora del día anterior. Grabó en su cerebro la imagen del reloj marcando las 3:05 am. Hasta las cuatro de la madrugada dio vueltas en la cama.

 Convencida de una advertencia del universo, se preparó para una ducha fría y pensativa se dispuso a humectar sus piernas antes de colocarse el vestido negro.

 Es Julio, por esa época su jardín desnudó los mejores pétalos ante la majestuosidad del cielo. Anhelaba centrarse y se preguntó ¿cómo comenzar de nuevo?

 Preparó café, observó detenida las aves volando entre edificios, cada vez más cerca de su cantar, picotean, juguetean con sus alas verdes, amarillas y rojas. Esos pájaros volantines son un montón de alegrías y con sus alas atrajeron sus últimas noches de amor, retomando así su afán por escribir.

 Esbozó una frase en la hoja, entrecruzando palabras sin sentido; quiere un milagro, una prosa melódica…y nada sucede. En medio de la noche, se detuvo en la luna llena de palidez. Una melodía lejana de un piano inundó sus oídos de recuerdos inolvidables. Con cada sorbo del vino tinto cosecha del ´67, esperó un efecto para sus adentros, una especie de renacimiento de las frases precisas para esconderse de ellas.

 Encendió dos cigarrillos a la vez, el humo de sus notas delineó una historia inconclusa. Se intimidó ante su pantalla del ordenador y con el cenicero rebosante de colillas, halló un viejo tratado de cómo escribir una novela de Unamuno, leía “de todo” menos cómo escribirla, lo dejó de lado junto con las cartas de Vargas Llosa. Recordó su caligrafía diferente en las hojas en un libro indescifrable…

 Decidió dormir pensando en el mejor modo de ajustar la memoria de todos los escritores leídos y los que jamás leería a la rebeldía de sus dedos.  Rogó al cielo, clamó por más tiempo para desentrañar un hechizo, una pócima que bebida por el escritor consiguiera la frase perfecta con cada respiración. Se quedó dormida… «se vio frente a un piano, que sin tocar, y al ritmo de una partitura, hundía las teclas sin su ayuda, anegando sus oídos de tonadas celestiales; a la velocidad de cada nota cada vez más alta y de plano, rechazó echar un vistazo hacia abajo por su pánico a las alturas; con el gris de las nubes se involucró entre relámpagos y truenos que la llevaron a un torrencial infinito de rosas rojas, las que le cubrieron el cuerpo, algunas espinas le aguijonearon emergiendo vino de sus heridas».

 Apesadumbrada abrió sus ojos y miró su celular, a las 3:05 am de la madrugada.


AUTORA: Linda Tatiana Toro Zapata
Medellín (Antioquia- Colombia)

sábado, 1 de agosto de 2020

"Mi cuerpo" (por Juan Herrón González) TALLER VIRTUAL 6


Destruyó todo cuanto se había puesto en su camino. Hundió carracas, carabelas, galeras, galeones, navíos, goletas, corbetas, e incluso, fragatas. Nada se le resistía a su paso. Era el ladrón de los mares y océanos más temido. El capitán y pirata HeadofBones, era el pirata número uno por antonomasia. Le conocían a lo largo y ancho de los mares de los peces; de los ríos y afluentes de las tribus reductoras de cabezas; de los bosques perdidos de la luz del sol y sus afluentes en forma de lagos vidriosos; en las islas de los esqueletos andantes; en la zona de los árboles muertos y el gran árbol carbonizado. Era una leyenda viviente a lo largo y ancho de los mares y océanos; se decía, que incluso pudo pescar peces mágicos más allá de la isla de los reductores de cabezas; allí donde los peces tenían poderes y concedían deseos a los que eran capaces de pescarlos. Y que había estado en las montañas heladas del paso angosto.

Sin embargo, estaba tan cerca y tan lejos de querer conseguir lo que más deseaba: un cuerpo. Había tomado contacto con los esqueletos asesinos de la isla del hueso, y aunque los había sometido a todos ellos, ninguno supo darle con la fórmula mágica, ni hechizo ni conjuro, que les permitiera devolverle la carne a los huesos ¡Lo que tanto deseaba a lo largo y ancho del mundo! Sentir el peso de la carne, los músculos, tendones y articulaciones que le dieran un cuerpo para cubrir ese armazón de hueso que era ahora.

Pensó en consultar a algunos hechiceros y brujos de la zona, pero según decían, en la isla madre, la isla más grande y que eran los límites del mundo, y que contenían a las demás islas, era un bulo, una mentira construida para dar esperanzas a los más desamparados y conferir un halo de gracia y de magia a los que quisieran creer en ellos.

Nadie había visto jamás a uno. Como nadie había escapado a la conquista de HeadofBones, pues había conseguido conquistar la isla madre y todas las demás, con la ayuda de su ingenio, astucia y pericia, además del arrojo y valentía de sus hombres; que dicho sea de paso, eran hombres bajo el influjo y la valentía de su capitán, que les había impresionado tanto y entusiasmado a partes iguales, que decidieron seguirle y ponerse bajo sus órdenes, además del claro botín que se llevarían por ello.

El barco de HeadofBones, no se quedaba atrás. Era un impresionante buque de guerra, que se decía, que era inmune a los disparos de cañones y otras armas arrojadizas; que era un barco como los huesos de su dueño, que aunque le infligieras cualquier tipo de daño, este era reparado al instante, como fruto de un halo místico con la mismísima muerte. Atracado en uno de los puertos de la isla madre, HeadofBones, se había decantado por encontrar a algunos de esos monjes místicos, que tal vez, con sus oscuras y raras artes, serían capaces de devolverle un cuerpo. Había matado alguno de sus hombres y lo había arrojado al mar, en momentos de frustración, lo que le hacía todavía más temido entre su tripulación. No obstante, HeadofBones sabía que la respuesta tenía que estar en alguna parte, aunque los peces mágicos que hubiera pescado en aquella isla mágica, sólo hubiera servido para aumentar su escepticismo. Y no hubiera monjes.

Sin embargo, él sabía que tenía contacto con una deidad superior a él. Sus hombres lo habían visto también, y era, precisamente, lo que él estaba buscando: saber si ese ente superior sería capaz de devolverle su cuerpo, de dárselo sin concesiones.

Había veces en las que había querido mover una mano de hueso, y no podía; otras, la mano se le movía sola, al igual que el brazo, y después, la brújula del barco se volvía loca, deambulando de un lado para otro, sin un rumbo fijo. También había comprobado que le aparecían unos números encima de su cabeza, sobre todo cuando había explorado zonas nuevas en la isla madre, como la isla de los esqueletos de hueso, o la zona de los reductores de cabezas, la de los árboles escondidos, o la zona del árbol muerto; también en la isla de los peces mágicos; cuando hacía algo subían los números, y cuando recibía algún tipo de daño, el que fuera, los números, bajaban. No sabía el porqué era esto, pero era una ley inmutable. Se había propuesto averiguarlo, y para ello, trataba de resistirse a los deseos de esa fuerza superior, para ver, si de alguna manera y al resistirse, conseguía llamar su atención.

Pero había sido en vano. Incluso cuando había recibido los daños más graves, cuando algún hueso se había salido de su sitio, se había roto y regenerado al instante, sólo tenía constancia de que esos puntos decrecían, no de nada más. También estaba la fuerza a que se resistía cuando le movía alguna extremidad del cuerpo sin que él quisiera, que era la mayor parte del tiempo.

Tenía que tomar contacto con aquella fuerza superior, y no sabía cómo, a no ser que fuera con artes oscuras de las que él no disponía ni la instrucción ni el saber necesario para ello. Sus hombres también se habían quedado de piedra al verle actuar como si estuviera poseído por otro ente; y se santiguaban y recitaban letanías en otras lenguas y la suya propia al ver este fenómeno. Todos se habían preguntado por esos números en la cabeza y por los extraños poderes que estaban alrededor de él y de su barco. En los combates más encarnizados estaba patente este hecho, en varios de los océanos que había conquistado en la isla madre, los daños se reparaban al instante, mientras que esos números decrecían rápidamente, además de subir cuando había daño a otro barco enemigo, lo abordada y lo conquistaba.

Sus hombres le habían dado forma a una enorme estatuilla de cerámica con la forma del ladrón de los mares, HeadofBones, que llevaba en la popa del barco, en una inmensa forma de él con sus números en la cabeza. Porque, sus hombres, estaban convencidos de que él había sido elegido, y esa forma de estatuilla enorme en la popa del barco, les traería suerte y les protegería de cualquier desgracia o infortunio.

Estaba la carpa de una feria, en ella, había un niño jugando al videojuego, HeadofBones, el señor de los mares y océanos, a punto de batir el récord de otro jugador anterior, mientras el muñeco de HeadofBones, buscaba su cuerpo a lo largo y ancho de la isla madre, a medida que la madre del chico, le decía que ya era tarde, que mañana volvería a jugar. Y otros jugadores nuevos, intentaban encontrar el cuerpo de HeadofBones, el ladrón de los mares, el esqueleto sin carne más temido, y como su forma, se movía de manera muy viva, con cada jugador. ¡Parece que está vivo!, se decían entre ellos.


AUTOR: Juan Herrón González 

Madrid (ESPAÑA)

TALLER VIRTUAL 6