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LIBROS PUBLICADOS POR LA AUTORA
(poesía y narrativa)
"DE LOS HIJOS" (2014)- Ediciones Mis Escritos (Bs. As.)

Rincones y Acuarelas I (Poesía) -2019- La Imprenta digital (Bs. As)

Rincones y Acuarelas II (Narrativa)- 2019- La Imprenta digital (Bs. As.)

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martes, 7 de julio de 2020

"La celebración" (por Brenda Alzamendi) TALLER VIRTUAL 5


Comenzaron a llegar las invitaciones para la celebración muy especial, “de etiqueta y antifaz” dictaba el mensaje. Seguro será una noche de sorpresas.

El lugar era una vieja casona, poblada de mil leyendas, recuerdos, que ahora estaba siendo acondicionada para el evento.

 En un rincón de la sala, un arcón de madera negra, lucía un gran candado de hierro forjado con su llave larga, fina, rematada con un hermoso corazón labrado que,  junto con la alfombra roja serían los únicos elementos que le darían al lugar un toque de autoridad.

            El salón estaba iluminado con velas, estas reflejaban su luz en los cuadros que, colocados en paredes enfrentadas, dialogaban entre sí.

Tan inusual decorado le daba al lugar un toque un poco mágico.

                                                                       *

Comenzaron a llegar los invitados con antifaces emplumados, ellas completaban su atuendo con insólitos abanicos. Los mozos, vestidos de negro, caminaban veloces por la sala como de retazos de viudos, cargando bandejas con bellas copas de burbujeante champan. Llegado el último invitado, la puerta se cerró.

Un tenue teclado comenzó a sonar; parecía que emanaba de las sólidas paredes, una sensación de placidez inundó el lugar y dio paso a una alegría quieta. La bella alfombra engullía el sonido de los tacones; ya no importaba el motivo de la celebración, brindis, saludos, tenues risas, era el día del reencuentro.

Decidí al atravesar la sala, tenía curiosidad por ese enorme arcón. Me paré

frente a él, lo roce con la yema de los dedos, recorrí sus tallados hasta que tropecé con el candado, de curioso quité la llave. Me senté en el lugar más oscuro del salón, la llave en mi puño, desde allí tenía el privilegio de ver el mundo que me rodeaba.

Las sombras hacían posible que viera la luz de las velas en su opaca intensidad. Mi mente comenzó a entorpecerse, me paré, cuando quise cruzar el camino de la bruma, en el trayecto me convertí en un fantasma que iba de lado a lado la sala sin ser visto. Pero no solo había música, comencé a escuchar los colores de la noche, el golpe de una ola en el rompiente, el graznido de gaviotas chillando libres.

Mis ojos rodaban como monedas de un lugar a otro, no entendiendo bien qué sucedía, espadas batientes en cruentas batallas, la paz del soldado de regreso a casa, el amor aferrado a la sinrazón.

_De todo laberinto se sale –me decía- me sentía simplemente un explorador, en busca de respuestas, sin destino cierto.

Me acerqué al arcón, regresaría la llave a su lugar y huiría de allí. Introduje la llave en el candado y la giré. Dentro de él había un mundo lejano, donde para mi asombro, convivían, la música, el verso, D´Arezzo, escalas, pentagramas, claves de sol, junto con Cervantes, papiros, Víctor Hugo, todos pugnando por salir a festejar. Algunos hablaban un idioma que no entendía, me relataban historias sin palabras, que podía escuchar. Yo quería ver el sol, pero estaba entreverado con la noche, quería subir al árbol, pero no tenía ramas, era un gigante asustando a los niños, no sabía si estaba llorando o si llovía.

De pronto todo ruido cesó, se apagaron las flamas de las velas, todos de pie sobre la alfombra roja semejante a la nave de una iglesia y aquel arcón que había surcado siete mares, quedamos expectantes, en suspenso.  

De la nada una delicada dama de antifaz nacarado, nos dio la bienvenida vestida de hojas de “washi”, festoneado con nubes de tul, abotonado con fragmentos de poesía, comenzó a cantar.

Su dulce voz, acompañada por los acordes del teclado, semejaban aquella sirena que al igual que a Ulises, nos quería arrastrar a sus confines; del arcón, las claves y las escalas volaban por los aires y se posaban en el atril del viejo piano, que sostenía entre sostenidos y bemoles la delicada copa, con la cual quizás un siglo atrás ella habría brindado. Me di vuelta para ver el silencio, pero no había nadie, ella también se había ido.

Desconcertado, cómo Diógenes con su lámpara encendida buscando un hombre honesto en la claridad, quité la rosa roja del ojal de mi chaqueta y como gracia a tanto, la deje junto a la copa.  Y me fui.

La claridad y frescura del amanecer, me recordaron que cuando introduje la llave en el candado, me fui a otros tiempos, habitado por almas viejas, encantadas, todo les pertenecía, las puertas, el arcón, las persianas, sus sueños seculares, éramos hijos de otros tiempos.

 Iré por otra rosa roja, para esta noche.

 

AUTORA: Brenda Alzamendi  

Montevideo (Uruguay)

TALLER VIRTUAL 5

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