POESÍA. NARRATIVA. INFORMACIÓN LITERARIA. CONCURSOS. AUTORES CLÁSICOS Y NÓVELES


Puedes pedir los libros de la autora al mail: beamarchisone@gmail.com (envíos a todo el país)

LIBROS PUBLICADOS POR LA AUTORA
(poesía y narrativa)
"DE LOS HIJOS" (2014)- Ediciones Mis Escritos (Bs. As.)

Rincones y Acuarelas I (Poesía) -2019- La Imprenta digital (Bs. As)

Rincones y Acuarelas II (Narrativa)- 2019- La Imprenta digital (Bs. As.)

Los encontrarás:
En Rafaela (Santa Fe): en Librerías "EL SABER", "PAIDEIA" y "FABER".
En San Francisco (Córdoba): en Librería "COLLINO"
y en otras librerías del país.

lunes, 5 de octubre de 2020

"Los niños de la luna" (por Mirta Yngui) TALLER VIRTUAL 8


 

Cuentan que en el pueblo de Mun

la noche se tiende

en los tejados

como tul de silencios

salpicado de grillos.

 

Dicen que en esas noches,

de los cuernos de la luna

caen cristales

en lluvia fina

y los elfos buscan cobijo

en las sombras

tras las chimeneas

y en las arboledas cercanas.

 

Dicen que dicen…

 

Que algún que otro niño

ha subido la escala de la luna

y ha visto los destellos azules

tras sus pasos

y oído la melodía

en medio del silencio

y no ha vuelto…

 

 

Con grandes ojos púrpuras,

los elfos observan

en la profundidad de la noche

y ponen sobre sus labios

sus largos dedos iridiscentes

mientras sus cabelleras

brillan en las sombras

cual luciérnagas.

 

Entonces,  un tenso

y crepitante eco oculta los pasos

y es cuando sucede,

 en el instante embozado

 en que los cuernos

 menguantes de la luna

derraman cristales por los techos

y nimban de destellos la floresta.

 

En ese momento exacto,

los niños con pasos pequeños

suben la escala de la luna,

para no volver.

 

AUTORA: Mirta Yngui

Santa Fe de la Vera Cruz (Santa Fe- Argentina)

TALLER VIRTUAL 8

"Bajo la luna" (por Javier Dicenzo) TALLER VIRTUAL 8


En medio de un jardín de infantes, están los niños y festejan, bajo una luna intensa, y barriletes que adornan el patio. Los profesores les enseñan juegos. Esos juegos son hermosos.

La blanca luna alumbra el lugar. Cuentan que por aquellas épocas siempre se juntaban bajo la luna. Luego cuando crecieron fueron hombres y nunca más jugaron.

Hoy que estoy mirando ese pasado junto a la luna y soy marino capitán de este barco pienso en todo lo que he perdido. Pero siempre regreso a esa luna.

El tiempo va pasando y pronto entraremos en un puerto, bajo la luna.

Los niños siguen jugando, y viene el regalo de cumpleaños.

Adiós le dice el marino a su mujer, me voy a soñar por el mundo, bajo la luna.


AUTOR: Javier Dicenzo

San Pedro (Buenos Aires –Argentina)

TALLER VIRTUAL 8

"Un barrilete cartero" (por Sylvie Chedeville) TALLER VIRTUAL 8

Una tarde, Leo escuchaba a su mamá hablando por teléfono.

Se fue a jugar al patio, porque la voz con que hablaba lo ponía nervioso. Cuando bajó la noche, entró. En la cocina estaban la tía Andrea y la mamá tomando mate.

_ la abuelita estaba muy viejita y cansada. Se fue a una estrella del cielo, le dijeron.

Leo abrazó con fuerza a su gatito  y no dijo nada.

“Yo sé que es mentira”, pensó. “A la abuela le gustaba la luna, siempre la miraba y me enseñaba  cuando crecía hasta ponerse como un enorme queso, y cuando desaparecía y la noche se hacía oscura”. “Además las estrellas tienen fuego, pobre abuela”. “En la luna, en la luna debe estar viviendo”.

Estuvo varios días dando vueltas por la casa, la mamá se había ido con la tía a la ciudad. Para cuidarlo estaba una vecina, que le daba la comida y se iba a su casa y volvía a la noche a dormir en el sillón del estar.

_ Por qué se fue Mamá a lo de la abuela si ya no está?

_Ya te va a contar ella, le dijo Mercedes, la vecina.

Leo entró al taller del abuelo, antes que se fuera a la ciudad con la abuela. Se puso a hacer un barrilete MUY grande.

Después anduvo recorriendo la casa, juntando todos los pedazos de hilo fuerte, cintas, lanas, piolines. Sin decir para qué lo necesitaba pidió a los vecinos de las quintas. Hizo la bola de hilo más grande del mundo.

“Tengo que escribirle una carta a la abuela. El barrilete lo tiene que llevar a la luna, porque allí está viviendo ella ahora.” “Le voy a decir que la extraño pero que se asome todas las noches así la puedo saludar, y que me espere porque, cuando yo sea viejito, me voy a ir a vivir con ella”

Una noche en que la luna era una plateada medialuna salió al campo con su cometa y sus esperanzas.

Él sabía bien remontarlo y la brisa iba a ayudar.

La cartita estaba bien sujeta porque el viaje iba a ser largo.

El barrilete subió y subió llevando consigo el hilo que se tensaba entre los dedos de Leo.

Se sentó en el pasto porque era tarde y se quedó dormido sin soltar el hilo.

En sueños vio cómo su cometa se enredaba en la punta de la luna y vio la hermosa sonrisa de su abuela tomando la carta para leerla.

Lo despertaron voces de unos vecinos que lo estaban buscando.

_ Leo, Leo, dónde estás?

“Y qué les voy a contar, si ellos creen que está en una estrella”, pensó

Muy contento volvió a su casa a abrazar a su gatito negro, a él si le contaría su historia.

 

AUTORA: Sylvie Chedeville

Santa Clara Del Mar (Buenos Aires- Argentina)

TALLER VIRTUAL 8

domingo, 4 de octubre de 2020

"Córdoba llora" (de la autora)


 

Todo es dolor,

todo es cansancio extremo,

con este monstruo  hambriento  e insaciable,

 lengua voraz que arrasa cuando lame,

avivada y urgida por el viento.

Todo es calor,

y es llama, y es ceniza,

que tiñen gris y rojo las montañas,

hiriendo a la tierra en sus entrañas

llevándose  los montes y la vida.

Lenguas  que azotan,  flagelan y lastiman,

como Satán en medio del infierno,

y avanzan, sin tregua, entre las sierras,

en un combate  injusto y desparejo.

Y el hombre, en la incesante hoguera,

lucha contra el ardor y el desconsuelo,

caen sus lágrimas sobre la tierra herida

y  eleva  en sus manos la plegaria,

clamando por el líquido elemento.

¿Qué despiadado conjuro es el que azota?

¿Cuál es la causa, cuál es el mensaje?

Las llagas duelen, los ojos queman,

cegados por la luz y la humareda

en medio del caótico paisaje.

sábado, 3 de octubre de 2020

"El último barrilete" (por Beatriz Chiabrera de Marchisone) TALLER VIRTUAL 8


 

Me lo llevó el viento. 

Fue un domingo de Abril en medio del campo. 

Era hexagonal, de colores brillantes, 

con una extensa cola que flameaba sin control. 

Nada hacía pensar que sería el último. 

Cuando me di cuenta, ya estaba lejos. 

En su cola arrastraba la infancia de mis hijos.


AUTORA: Beatriz Chiabrera de Marchisone

Clucellas (Santa Fe- Argentina)

TALLER VIRTUAL 8

viernes, 2 de octubre de 2020

"Luna menguada" (por Inés Quilez de Monge) TALLER VIRTUAL 8


 

Camino la noche de oscuros recuerdos.

Levanto mi rostro, de pronto te veo,

luna pequeña, un tanto menguada.

Hice un barrilete de papel radiante,

con un cordel largo lo envié a tu falda.

Danzaban a tu lado millones de estrellas.

Aún escondido el sol te besaba.

Y una aureola de luces brillaba en tu cara.

Lunita menguada, aun así eres bella.

Pequeña y curvada.

Mitigaste mis penas en la noche clara.

Con mil banderines en festejo vivo,

de varios colores en mi cuerda larga…

se fueron al cielo y hasta ti llegaron.

Me quedé extasiada mirando tu brillo.

Pero lentamente vi que te alejabas,

entre los anillos que te circundaban,

formaron un trompo de luces.

Un manto de nubes cobijó tu espalda

y así te dormías, sobre las montañas.

 

AUTORA: Inés Quilez de Monge

San Francisco (Córdoba- Argentina)

TALLER VIRTUAL 8

"Una luna para mí" (por Cristina Beltramo) TALLER VIRTUAL 8


Para Clarisa y Marena

En mi cielo hay una luna

que, de tan bonita y blanca,

me parece de algodón.

Con mis manos pequeñitas,

¡Cómo quisiera alcanzarla

y que quede junto a mí!

para que alumbre mis sueños,

y me acompañe en las noches,

¡y yo me pueda dormir!

¿Me contará lindos cuentos

con esa voz dulce y suave?

¡Estoy segura que sí!

Me traerá alguna estrella,

de esas que son sus amigas,

¡y brillará para mí!

¡¡Una luna y una estrella!!

¡Qué hermoso jugar con ellas

en mi mundo de marfil!!

 

AUTORA: Cristina Beltramo

María Juana (Santa Fe- Argentina)

TALLER VIRTUAL 8

"El Ratón Pérez" (por Edmundo Kulino) TALLER VIRTUAL 8


 

Niño, deja ya de joder con la pelota... -- Joan Manuel Serrat                                            

                                                                            A  Valentino                 

El niño lloraba a amargamente. El abuelo lo subió sobre las rodillas y sonrió.

--Que te ha pasado, hijo. ¿Es para llorar así?

    El niño frunció los labios y contestó, hipando:

– Ayer se cortó el hilo y perdí mi barrilete –.Hoy –las lágrimas  resbalaron por los pómulos formando un trenzado continuo y transparente.--. ¡Hoy... el ...diente..que...se me movía...La pelota rebotó y...y me lo arrancó!

--Te dije que tuvieras cuidado con esa pelota. Es demasiado pesada para un niño de tu edad. Pero ya pasó. Ya está terminado. Se te cayó el diente y listo. Ese diente, no te dará ni un minuto más de molestias.                                                                                    

    El niño dejó de hipar lentamente; hasta que pudo hablar:

--Es mi primer diente y yo quería conservarlo para que el ratón Pérez dejara mi recompensa debajo de la almohada.                                                                 

--¿Y?                                                                                                                 

--No lo encontré.                                                                                                  

--Te lo habrás tragado.

--No; no me lo tragué.

    El abuelo lo bajó de las rodillas. Después, se puso de pie.

--Biennn.. ¿En dónde pasó el accidente?                                                       

    El niño señaló una pared pintada con cal.

--Ahí mismo, abuelo.

--Ven...Tratemos de buscar ese importante diente. No hay razón para desesperar. --. Lo tomó de una mano y caminaron.

    Sobre las baldosas cuadriculadas, había algunas hojas apenas verdes, casi amarillas. Los rayos de sol traspasaban las hojas del limonero, y golpeaban sobre el suelo como señales de un tiempo limitado, que no era el de la criatura.

-- ¡Ahí¡ --dijo el niño--. ¡Por ese lugar se perdió!

--¿Ahí mismo?

--Sí; estoy seguro.

--Agáchate y empieza a levantar las hojas. Seguro que, entre ellas, está el diente.

    El niño empezó a separarlas con prolijidad.

--¡No voy a encontrarlo, abuelo! ¡Ese diente es muy chiquito!

--Insiste, hijo; lo encontrarás.                                                                                   

    El niño cambió de lugar, empujó las hojas del otoño y, de repente, se enderezó. El abuelo vio brillar el diente entre los pequeños dedos.

--¿Has visto? --se rió, complacido--. ¡Nunca hay que perder la esperanza!                 

                                                         -----------                                                                                                Ese día --cerca de medianoche--, el abuelo dejó de leer, apoyó el libro de cuentos de Horacio Quiroga sobre la mesa de luz y caminó en dirección del baño. Estuvo ahí largos minutos.                             

 Al regresar, se movió lentamente hasta la habitación en donde estaba la cama. Se acercó a la ventana y observó la luna menguante que acariciaba el jardín. Debajo del cuerno, una nube larga y fina, le recordó  la cola del barrilete que el niño había perdido. 

  ”Estoy  muy cansado hoy”, pensó y corrió las cortinas. Antes de meterse bajo las cobijas, abrió la mano derecha: entre los dedos relucían sus  prótesis dentales. Levantó la almohada y las apoyó suavemente sobre la sábana. Enseguida,  las cubrió con la almohada  y sonrió al pensar que era una idea fantástica.                                                                             

AUTOR: Edmundo Kulino

C.A.B.A. (Buenos Aires- Argentina)

TALLER VIRTUAL 8

"Mi juguete preferido" (por Miriam Fernández) TALLER VIRTUAL 8


 

Con esa gran escalera,

buscaré el barrilete.

Quedó como brazalete,

cuidando de mi galera.

 

Hasta la luna llegaré...

¡Que atascado se quedó!

Tristemente se enredó,

sollozando descargaré.

 

Se lo ve muy colorido,

muy pequeño se distingue.

Que no se descuajeringue

ni quede descolorido.

 

Este hecho ocurrido,

gran tristeza ocasionó.

Y rápido reaccionó

mi juguete preferido.

 

AUTORA: Miriam Fernández

Mar del Plata (Buenos Aires – Argentina)

TALLER VIRTUAL 8


"Collar de colores" (por Justina Cabral) TALLER VIRTUAL 8


 

Collar de colores

con luna coqueta

luce un barrilete

en su voltereta.

 

Collar de colores,

bailes y piruetas,

para la laguna

sombras y siluetas.

 

Collar de colores,

sonrisa que llega,

para mi niñito

que hasta tarde juega.

 

AUTORA: Justina Cabral

Mar del Plata (Buenos Aires – Argentina)

 

TALLER VIRTUAL 8

jueves, 1 de octubre de 2020

III CONCURSO LITERIARIO “Coronavirus o Codiv-19”

Género: Cuento / Narrativa

Premio:    a convenir

Abierto a: jóvenes mayores 18 años

Entidad convocante: Club Rotario Balcarce Cerrito

Ciudad de la entidad convocante: Balcarce

Lanzamiento:    22 / 7 / 2020

 Fecha de vencimiento recepción de trabajos: 9 / 12 / 2020


En el contexto de la pandemia que vivimos, éste año el tema de nuestro concurso

será “Coronavirus o Codiv-19”.

El 3° concurso que lanza el Club Rotario Balcarce Cerrito, que invita a escribir brevemente sobre

dicho tema. Puede ser realidad o ficción.

El proyecto comienza en el mes de julio y finalizará en el mes de diciembre.

BASES

1. Podrán participar todas las personas mayores de 18 años. La participación es gratuita.

2. La temática del concurso, debe estar relacionada con lo que a cada uno está viviendo en estos

momentos, lo que piensa, lo que imagina, lo que le gustaría que sucediera, o lo que espera que

suceda cuando esta pandemia termine, etc.

3. Los relatos deben ser estrictamente inéditos y no superar las 2 carillas, en hoja A4, letra Arial

tamaño 12. Se tomará en cuenta la redacción, la ortografía y la puntuación.

4. Cada participante puede presentar un (1) trabajo, el cual debe enviar por mail a

crbalcarcecerrito@outlook.com.ar

5. Debe ser presentado de la siguiente forma: en dos archivos Word, uno que incluya la obra y lleve

por nombre el título de la obra y el seudónimo elegido y otro en que se encuentre la plica y lleve por

nombre “Plica”. cuyo interior debe reiterarse el seudónimo y el título del trabajo, junto con el nombre

completo, la edad, la dirección y el teléfono del autor/a o mail, provincia, país.

6. El plazo de recepción se abrirá el miércoles 22 de julio de 2020 y cerrará impostergablemente el

miércoles 9 de diciembre siguiente.

7. El jurado estará integrado por destacados escritores de la ciudad.

8. El jurado seleccionará nueve (9) trabajos finalistas, de los cuales dirimirá: tres (3) premios, tres (3)

menciones de honor y tres (3) menciones especiales.

Los resultados se comunicarán por mail o teléfono a los participantes. Y posteriormente se difundirá

en la prensa la fecha y lugar de entrega de premios.

9. Los premios se divulgarán en el momento de la entrega y, esta será con fecha a convenir.

10. No se devolverán los trabajos recibidos. El Club Rotario Balcarce Cerrito se reserva el derecho

de publicarlo o de utilizarlo concretando algún proyecto de servicios similar o igual.

11. Los trabajos deben tener el carácter de originales (de autoría propia) e inéditos (no haber sido

publicados antes en cualquier formato). En caso de infringirse lo anterior, el participante será

descalificado.

12. La sola participación en el concurso implicará la aceptación de estas bases y otorga el derecho

exclusivo, gratuito, y especialmente, puedan editar, publicar, distribuir, traducir, transformar, adaptar

y reproducir en cualquier medio las obras participantes, junto con su nombre y apellido o seudónimo.

"Otra magia" (por Mónica Armando de Beltramone) TALLER VIRTUAL 7


-¡Estoy aburridaaaaa! -Gritó desde su mecedora Hada Madrina. Desde que Cenicienta se casó, pocas veces tuvo que ayudar a su protegida usando sus poderes. En algunas ocasiones intervino  en la cocina cuando a la joven se le complicaba  la situación con algún postre o alguna torta.  La visitaba a menudo para tomar el té, pasear por los floridos jardines del palacio y conversar sobre las cosas de la vida. ¡Pero de cosas de hada, nada!

-¡Estoy aburridaaaaa! -  Exclamó por segunda vez esa mañana Hada Madrina  desde el interior de su cabaña de troncos, asomada al ventanal, como intentando entregarle su queja al viento de primavera y tal vez él, tan inquieto y conocedor de lugares, sabría dónde dejarla. ¡Los lamentos al viento!

-¡Estoy aburridaaaaa!- vociferó por tercera vez, después del almuerzo, mientras tomaba un té de tilo con galletitas de miel al mismo tiempo que recordaba con nostalgia el momento en que convirtió un zapallo en carroza.

Y a las tres de la tarde, se quedó dormida, de puro aburrida y con la panza llena.  Al rato, un ruido fuerte la despertó. Un viento agitado había cerrado la ventana de golpe. Se levantó de la mecedora y con asombro, observó por detrás del vidrio,  todo lo que sucedía en un rincón de su patio.

El viento alborotado soplaba a ras del piso, como que se lo quería comer. Tomando forma  de dedo índice trazó sobre la tierra surcos perfectamente delineados.  Luego dio un giro y se convirtió en una mano gigante que dejaba caer, cuidadosamente, sobre las hendiduras del terreno, una lluvia de semillas.  Finalmente se elevó y se transformó en una nube gorda que reventó al instante liberando infinitas gotitas de agua, que con delicadeza, rociaron toda la superficie. Tras la última gota, todo se calmó.

Hada Madrina quedó perpleja. ¿Qué había ocurrido en ese sector del patio? Tomó coraje y salió afuera. Todo parecía estar normal, salvo esa esquina donde antes había sólo tierra seca y ahora lucía un manto bordado, húmedo y terroso.  El olor a tierra mojada la conectó mágicamente con ese pequeño universo recién creado.

De pronto, por entre los árboles que delimitaban la propiedad, una hoja de papel planeaba cada vez más cerca de Hada Madrina, hasta depositarse finalmente entre sus manos. Era una nota. La leyó en voz alta:

“Me he llevado tus lamentos, a cambio te he entregado semillas. Las hay de rabanito, de espinaca, de zanahoria, de zapallo y de perejil. Ahora no tendrás tiempo de aburrirte. Usa tu magia. Firma: El viento.”

-¡Al fin tengo trabajo! – expresó Hada Madrina contemplando el terreno recién sembrado. – Muy ocurrente el viento, una nueva forma de usar mis poderes – pensó. Y buscó su varita mágica.

-¡Zarabín zaraballo, que nazcan los zapallos! ¡Zarabín zarabito, que nazcan los rabanitos! ¡Zarabín zarabaca, que nazcan las espinacas! ¡Zarabín zaraboria, que nazcan las zanahorias! ¡Zarabín zarabil, que nazca el perejil! – recitó convencida, esperando la mágica aparición de las plantas. Pero todo fue un desencanto.

-Tal vez necesiten una sola frase encantada – se dijo - Varita en mano, intentó nuevamente:

- ¡Bidi budi, bidibale, que nazcan los vegetales!

Otro fracaso. Consultó el libro “La magia y sus poderes”. Lo leyó completo tres veces. Encontró otras frases mágicas y con ninguna de ellas tuvo éxito para hacer brotar las plantas. 

-Pero el viento dijo que usara mi magia. ¿Es que acaso he perdido mis poderes? – se cuestionaba Hada Madrina desilusionada. Y se sentó a llorisquear debajo de un pino. Repentinamente, un  nuevo papel escrito cayó sobre su falda:

“Usa tu magia, toda tu magia.  Firma: El viento.”

Entonces, Hada Madrina se dio cuenta que sólo acudía a la magia de los poderes. Pero había más magia en ella. Y recordó con cariño cómo acompañó a Cenicienta en su crecimiento, pendiente de sus necesidades y protegiéndola de los peligros. En ese instante, el sol se abrió paso entre las nubes y bañó con la luz anaranjada del atardecer todo el paisaje. Con profunda alegría Hada Madrina descubrió que sobre el suelo el viento le había dejado una misión, la de amadrinar esas semillas recién plantadas.  Y no lo haría con su varita sino que usaría la magia que tienen todas las personas que hacen de la huerta (y de los jardines) un lugar encantado.

Y así lo hizo. Cantaba mientras removía la tierra. Estaba atenta al agua que cada cultivo requería. Con una sonrisa daba la bienvenida a los primeros brotes de cada vegetal, cada uno a su tiempo. Hada Madrina disfrutaba diariamente de ese pequeño universo verde.

La primera cosecha fue de rabanitos. Se preparó una rica ensalada. También le llevó algunos a Cenicienta, que nunca había comido semejante hortaliza rica en vitaminas, minerales y fibras.  

A los tres meses, comenzó a recolectar las espinacas. Cocinaba exquisitas tartas que luego compartía a las familias numerosas del pueblo.

Con las zanahorias elaboró deliciosas mermeladas y siempre separaba un montoncito para los conejitos hambrientos del bosque.

Los vecinos del lugar venían a buscar condimento para la salsa y Hada Madrina les tenía ya preparados los ataditos de perejil.

Los zapallos se lucieron con sus hojas grandes y sus flores amarillas, para después ofrecer generosamente sus  robustos frutos. Los zapallos eran los preferidos de Hada Madrina, no podía ser de otra manera.

AUTORA: Mónica Armando de Beltramone

Rafaela (Santa Fe- Argentina)

TALLER VIRTUAL 7

"El dilema del calabacín" (por Juan Herrón González) TALLER VIRTUAL 7


Todas las frutas y verduras se habían puesto en pie de guerra. Desde el tomate hasta el puerro, estaban obstinados en que, el calabacín, merecía ser ejecutado. Sólo la pera creía que el calabacín era inocente. Y éste, se quejaba a todas las verduras y frutas de que estaba siendo injustamente acusado, que no había cometido el crimen de despellejar a la patata, como ellos creían.

-¡Es un ultraje!-chillaba el tomate rojo de la ira-¡hay que condenarlo al horno!

El puerro, la manzana, la zanahoria y algunas patatas sobrevivientes, tenían sus dudas de que el calabacín hubiera cometido tal asesinato. A lo que hubo que recurrir a una prueba de ingenio, para ver si se delataban el calabacín, y puede que la naranja, que se creía que era su lacayo.

A lo que el juez tomate, les lanzó el siguiente desafío.

-Muy bien, en vista del silencio del calabacín y de la naranja, os haré un trato. Si ambos os declaráis culpables, os condenaré seis años a la nevera; por el contrario, si ambos os negáis a confesar el crimen os encerraré en la nevera durante un año. Ahora bien-cambió el tono por otro de mayor seriedad-, si el calabacín confiesa su crimen, y la naranja no, la naranja será condenada a diez años en la nevera y el calabacín será liberado; el mismo caso expuesto podría suceder, que el calabacín negara su crimen y la naranja lo confesara, el calabacín recibiría una pena de dos años al frigorífico, y sería la naranja quien saldría libre. Quedaría el único caso de que ambos no dijerais nada, a lo que serían condenados a una pena de siete años en el frigorífico. Tras lo que acabo de exponer, ¿qué estaríais dispuestos a confesar o callar, calabacín y naranja?

Todas las frutas y verduras estaban en pie de guerra, pues querían saber quién o quiénes habían cometido el crimen contra la pobre patata. Pues ésta era muy querida y apreciada entre la comunidad. Nadie se explicaba el crimen que habían realizado contra ella, y tras encontrarla en semejante estado, la brutalidad y el tamaño de las mondaduras, tuvieron que resistir el golpe de efecto de semejante impacto ante la comunidad. ¿Cómo había podido ocurrir algo semejante en la comunidad?

Era digno de escándalo.

-¿Qué harán la naranja y el calabacín?-preguntó al resto de la comunidad, la sandía.

-No lo sabemos, lo único que sabemos, es que se encontró a la naranja y el calabacín en la escena del crimen con un cuchillo en la mano, lleno de mondaduras de patata.

-Es verdad, ha sido un crimen atroz-contestó el melón.

El juez seguía esperando que su estratagema surtiera efecto, pues la naranja y el calabacín, estaba muy seguro, a su buen juicio, de que eran culpables. Tendría tiempo más que suficiente para condenarlos al frigorífico, la antesala de lo que era una condena horrible, pues significaba que pasarían momentos de horror y de frío allí dentro.

-Es una condena horrible, pobre patata, era muy querida en la comunidad.

-Ya lo creo que sí, es un crimen espantoso. Dicen que tiene otras patatas a su cargo.

-¡Y lo que significaba para nuestra comunidad!-bramó el tomate-. Era una ciudadana ejemplar.

-Era tan querida en la comunidad. ¡Y tan joven!

-Ya lo creo que sí, es una lástima lo ocurrido.

El calabacín y la naranja, no habían dicho nada, estaban confundidos y absortos en lo que el juez les había propuesto, y no sabían si habían caído en alguna red o artimaña de la retórica del juez.

Lo miraran por donde lo miraran, todo parecía guardar una trampa para su horrible destino: el frigorífico.

-Yo creo que el calabacín es culpable-dijo el puerro, con un aire de convencimiento.

-Yo también lo creo-dijo la sandía, con un tono de pesar en su voz.

-Es que no lo entiendo, ¿por qué harían un crimen semejante?

-No hay que buscarle mayor explicación, melón, es por el mero placer de asesinar, de quitar una vida.

El juez, nervioso, mandó a los pimientos-la policía que estaba bajo su mando-, que apresaran y pusieran en celdas del frigorífico, en los compartimentos, al calabacín y la naranja, para ver qué sucedía cuando los pusieran contra las cuerdas. Estaba claro que uno de ellos, o ambos, podían acabar en la peor de las condenas, pero tenía que someterlos a un duro interrogatorio para que uno de ellos se acusara, o se incriminaran ambos, que uno se incriminara y otro no, era una condena que no le parecía viable, pues quería encerrar a la naranja, ya que estaba seguro que el cómplice, sólo había tenido una participación menor en el asesinato, y quería condenarlo a una condena menor, en este caso, el calabacín, aunque fuera preso.

No se les podía escapar. La confianza del pueblo de verduras y de frutas, ya la tenía.

¿Pero qué sucedería en el dilema del calabacín, si hubiera sido él el asesino? Paradójicamente saldría libre, condenando a la naranja, que el juez, estaba seguro de que el verdadero cerebro del crimen, aunque el calabacín, fuera condenado.

-¡Qué tragedia que ocurran estas cosas en nuestra comunidad!-chillaron todas las frutas y verduras, al unísono.

-Cojan al calabacín e interróguenlo-ordenó el juez-, a ver qué podéis sacar en claro.

-¿Y qué hacemos con la naranja?

-Déjenla a un lado, e interróguenla después.

Había  algunas peras que estaban convencidas en la inocencia del calabacín, y de hecho, si este confesaba, podría salir libre, pues por paradójicamente lo que pudiera parecer, es que el cómplice, fuera realmente el asesino; tras lo declarado por el juez, lo mejor sería no confesar, o incriminar al otro para tener su libertad.

-Comiencen a interrogar-ordenó el juez, rojo de la ira como el tomate que era.

AUTOR: Juan Herrón González

Madrid (Madrid- España)

TALLER VIRTUAL 7

"El canasto" (por Gabriel Ayala) TALLER VIRTUAL 7


 Casi siempre camino por el parque,  es un lugar que deleita los sentidos (el aire hace que el cuerpo esté menos denso, los colores armonicen mi mente, el perfume de flores endulzan la estadía y el viento acaricia el cuerpo), porque la naturaleza llama,  y sobre todo donde impera el cemento, según la época la presencia de concurrente a ella varía, en el verano las noches son las más solicitadas, porque el sol es imponente, especialmente el 6 de enero fiesta de los reyes magos, a ello se hacen recitales  con  presencia de grupos musicales del chámame y del candombe, también solitas y escuela de danza, en el otoño las tardes se llenan de estudiantes que salen de sus clases y se asientan su segundo hogar en la plaza, allí nacen la primeros encuentros y ese beso tan ansiado se hace evidente, por lo general el parque da para eso ya que la naturaleza invita a ello. En invierno solo los días de sol pleno se ven la gente, por lo general los fines de semana, donde  los niños van agolpados a los juegos que se inflan, perros corriendo, el fútbol,  vendedores y algún otro grupo musical despliegan sus sonidos invitando al viento a acoplar a la multitud. En primavera, el sol se mantiene,  se ven los canastos de comida y manteles, la gente disfrutando el día en la naturaleza, en ello ve la vida que abre sus puertas, el resurgir de las flores, el alimento de la vida se lleva el viento rodeando todo, los insectos comienzan su cosecha, pero hay algo que siempre  me llamó poderosamente la atención ver a un hombre con un canasto vacío, sea cual fuere la temporada lleva ese canasto, está siempre en el mismo lugar haga calor o frío, hasta en las lluvias se lo puede encontrar, hombre solitario acompañado solo por su fiel canasto,  su vestidura, lo convencional a la estación, a veces de campera otras con camisa o remera, acompañado jean o pantalón todo muy discreto , a veces de barba otras no, siempre la canasta vacía. Un día mi curiosidad me ganó,  traté de buscar conversación, comencé diciendo, el sol está fuerte hoy,  él continuó diciendo,  si es la temporada, hay que valorar la sombra de los árboles y así seguimos la conversación hasta que entré en confianza, entonces le hice la  pregunta,” por qué viene con la  canasta vacía”, se hizo una pausa… pensé que se molestó…  entonces busqué  otro tema para salir del paso y volver a la charla amena. De repente… él contestó:  mirá, vivo solo hace mucho tiempo,  siempre vengo a esta plaza, antes de venir veo  el canasto,  para mí está cargada de recuerdos, de mi infancia, adolescencia y de lo que me pasa, por ello trato de dejar algo de todo lo que me ocurre, y del bendito lugar, llevarme un poco de allí, en la estadía de  cada día cargo la canasta, a veces me llevo la imagen de una flor desplegando sus pétalos adornando el paisaje, dando su aroma que toca el alma, otra una sonrisa de un niño, el agua de las nubes que cae como un manantial refrescando mi duro corazón, un día cálido que me da la posibilidad de contemplar la belleza de los árboles donde su sombra es la más apreciada, la brisa que envuelve y es una delicia que refresca al cuerpo, el canto de un ave que resuena endulzando los oídos, el sol que entibia los pensamientos más duros,   una noche con estrella que ilumina la oscuridad del pensamiento en el techo sin fin, a veces un recuerdo que encuentro en alguna parte de este glorioso lugar, hoy por ejemplo me llevo una conversación que nutre esta alma… Así me dejó atónito… Y yo creyendo que este hombre estaba más para un psiquiátrico. Su elocuencia, sus palabras cálidas evocando las vivencias, tocó el corazón, con algo a lo que no pude resistirme, su sabiduría, su sentir y transmitir. Él  me dejo un regalo, un canasto. Me obliga a mí una pregunta que se vuelve recurrente,  ¿Qué dejo y me llevo hoy de este  día?

AUTOR: Gabriel Ayala

Corrientes Capital (Corrientes- Argentina)

TALLER VIRTUAL 7