POESÍA. NARRATIVA. INFORMACIÓN LITERARIA. CONCURSOS. AUTORES CLÁSICOS Y NÓVELES

Autora del Blog:
BEATRIZ CHIABRERA DE MARCHISONE


Puedes pedir los libros de la autora al mail: beamarchisone@gmail.com (envíos a todo el país)

LIBROS PUBLICADOS POR LA AUTORA
(poesía y narrativa)
"DE LOS HIJOS" (2014)- Ediciones Mis Escritos (Bs. As.)

Los encontrarás:
En Rafaela (Santa Fe): en Librerías "EL SABER", "PAIDEIA" y "FABER".
En San Francisco (Córdoba): en Librería "COLLINO"
y en otras librerías del país.


martes, 10 de abril de 2018

FIGURAS LITERARIAS: Sinalefa


Una sinalefa es una figura de transformación que consiste en pronunciar con un solo golpe de aire la última sílaba de una palabra que termine en vocal y la primera de la siguiente, si comienza con vocal o hache muda. La RAE la define como una unión en una única sílaba de dos o más vocales contiguas pertenecientes a palabras distintas. Se tiene en cuenta para la elaboración de la métrica en textos escritos en verso. Por ejemplo: el verso "Los hombres de antaño..." se pronuncia en voz alta de la siguiente manera:
los / hom / bres / dean / ta / ño.
Si no se tomara en cuenta la sinalefa, se podrían contar en voz baja siete sílabas. Sin embargo, en realidad es un verso hexasílabo, es decir de seis sílabas.
El verso "De pura honestidad templo sagrado" se pronunciaría así:
"de / pu / raho / nes / ti / dad / tem / plo /sa / gra / do". 
Es un verso endecasílabo, esto es, de once sílabas, aunque se puedan contar en voz baja doce sílabas.
La sinalefa se usa para darle más naturalidad a la pronunciación de un verso. También puede usarse como licencia poética, para ajustar el verso a la métrica requerida. Si se lee en voz alta un poema con una métrica regular, el oido se acostumbra al ritmo del texto, y el lector hace las sinalefas naturalmente, sin darse cuenta.

martes, 27 de marzo de 2018

La Plaza (De la autora)

Es una tarde apacible de otoño y salgo a la plaza a hacer algo de ejercicio. El atardecer es inminente y todos se disponen a terminar el día. El circuito que rodea el espacio verde se va poblando de caminantes, ciclistas y corredores. Para algunos, es el momento de la relajación, para “aflojar” las tensiones diarias; para otros, es el fin de la jornada laboral.

     Una pareja joven, con su bebé en cochecito, se acerca al castillo donde el pequeño puede trepar, deslizarse y escabullirse por los puentecitos. Eso permitirá que su temprana imaginación comience a funcionar y sus capacidades motrices se estimulen jugando. Los orgullosos padres lo disfrutan, quizás ellos también pasaron por los juegos cuando eran pequeños, con sus propios padres observándolos. Entonces recuerdo mi niñez en la calesita y la plancha que aún están, a las que luego he traído a mis hijos.
      En otro sector, se escucha el bullicio de un grupo de niños jugando en las hamacas y montando los caballitos de tambores, desde donde simulan ser vaqueros persiguiendo villanos. Dos mujeres aprovechan la caminata para contarse las últimas novedades, pedirse consejos, pasarse recetas, y así distraerse de la rutina. Otra mujer camina sola, interactuando con su celular, del que, aparentemente no puede desprenderse; mientras otra completa la segunda vuelta a la bicisenda, acompañada por la música que sale de sus auriculares. Un grupo de adolescentes se detiene en la pérgola, donde improvisan una reunión que no durará mucho, porque el sol ya se está ocultando.  El ir y venir de las bicicletas que atraviesan la plaza delata el cierre del comercio; se van bajando las persianas, cerrando las puertas, apagando las luces; los niños y la pareja con el bebé volverán a su casa; las mujeres culminarán un par de vueltas y de a poco, la plaza se irá despejando. Yo también regreso.
   Las luces de las farolas se encienden tímidas, y la luna se inmiscuye clandestina entre las largas ramas de las tipas, que comienzan a proyectar su sombra centenaria. El día está llegando a su fin, y mi pueblo se apronta a descansar.          

lunes, 26 de marzo de 2018

Tipos de narradores



 

 

 

Para más información:
Tipos de narradores

Diferencia entre AUTOR y NARRADOR




Autor

El autor es la persona que escribe el texto, por lo tanto es un ser real que existe. En este sentido, es el creador del relato que tú vas a leer y puedes identificarlo, pues su nombre debiera aparecer en la portada del libro. Además, crea a distintas entidades que verás en el texto, una de ellas es el narrador.

 

Narrador

El narrador es un ser ficticio que es creado por el autor para que cuente la historia. En consecuencia, el narrador no existe en la realidad, a pesar de que sea la voz que nos permitirá conocer el relato y los acontecimientos que sucedan en él.


domingo, 4 de marzo de 2018

"Efímero" (de la autora)

     Me levanto temprano. Es una hermosa mañana de principios de Marzo. El verano ya está llegando a su fin. Salgo al patio y veo el cactus florecido. Algunas flores, grandes, blancas con extremos ligeramente rosados, se imponen majestuosas, desafiantes, con hasta 16 cm de diámetro. Es un cactus que tenemos hace mucho tiempo; me lo regaló María Angélica en una pequeña maceta, era sólo un brote que ella cortó del suyo que es enorme. Tardó bastante en dar flores- luego supe que da las primeras a los cuatro o cinco años. Me detengo a mirar, si puedo ver el movimiento de la flor; el momento mágico en que se abre o se cierra porque no me dará mucho tiempo de disfrutarla. Su vida es efímera, fugaz, momentánea. Qué pena que tanta belleza no dure más que unas pocas horas. Ni siquiera un día. Porque se comienza a abrir por la noche o a primeras horas de la mañana, y se cierra a media mañana. Y ya fue, dirían los chicos.

Para resolver mi ignorancia sobre la planta investigo en Internet buscando primero una foto para identificar el tipo de cactus. Hay millares. Recorro las imágenes hasta que lo encuentro.  Su nombre es Cereus Peruvianus. Y de pronto me sorprendo. Es una de las plantas consideradas con “superpoderes” porque absorben las radiaciones. ¿Y yo la tengo en el patio? Sigo leyendo: “…originaria de América Central y del Sur, y comercializada masivamente en Estados Unidos desde mediados de los años 80, después de que diversos estudios demostrasen su capacidad para corregir las alteraciones en los campos electromagnéticos causadas por las radiaciones que producen aparatos eléctricos como, por ejemplo, televisores y ordenadores;apartan hasta 15 metros de sí las llamadas redes de Hartmann ("paredes" verticales de radiación que surgen de la tierra), a la vez que restablecen las alteraciones del ambiente provocadas por la contaminación electromagnética”. No lo puedo creer. Habrá que ponerla cerca de los aparatos dañinos que no sabemos qué efecto causan en el ser humano.
   Igualmente, mi objetivo es la flor, que se abre imperceptiblemente, dura tan solo unas horas y se vuelve a cerrar, como habiendo cumplido su función. Efímera. Pero necesaria para que la planta siga su curso natural, y para que nuestros ojos queden embelezados ante su belleza. Por algo es así su ciclo, la naturaleza no tiene discusión, sino que a veces, no comprendemos por qué no podemos mantener un poco más esos instantes que nos colman. Y decido que trataré de no perderme esos momentos plenos, como tantos otros, mágicos y únicos, que no vuelven. Sólo hay que darse cuenta de eso, que no vuelven.

domingo, 4 de febrero de 2018

"La carta" (De la autora)

     Ayer, mientras estaba acomodando unos papeles encontré una carta. No importa de quién era. El papel estaba “comido” por todo su borde derecho, como si algún bicho se hubiera hecho un festín en algún
momento de todos estos años; igualmente estaba legible en su totalidad. La fecha, escrita prolijamente en su extremo derecho superior, Mayo de 1984, me ubicó perfectamente en el tiempo. El color de la tinta aún se mantiene a pesar de que ya pasaron treinta y cuatro años de que la autora- que ya no está- la escribiera; y eso de que “ya no está” le da más valor a la esquela. Entonces pienso, que a veces, es bueno no tirar algunas cosas. Su aroma a papel guardado impregnó el lugar cuando me dispuse a leerla. La letra cuidada, casi dibujada, me delató su predisposición  de tomar su lapicera y sentarse a escribirme esas líneas, que yo pude tener en mis manos tantos años después. Es SU letra, SU sello personal, SU huella digital; no salió de un teclado, ni está en una pantalla. La puedo tener en mis manos cuando quiera y sentir el calor y la sensación de su mensaje, porque cada curva de cada vocal, cada desliz de cada consonante son un sentimiento de su pulso y un movimiento de su mano. Y los trazos se vuelven caricias. Por momentos es como si escuchara su voz al leerla. Sus palabras quedarán por siempre allí, en ese papel desgastado por los años; porque cada carta es una perfecta máquina del tiempo, como un archivo de una historia de vida. La leo y la vuelvo a guardar en su sobre, para encontrarla en algún momento...y que me vuelva a sorprender.