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Autora del Blog:
BEATRIZ CHIABRERA DE MARCHISONE


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LIBROS PUBLICADOS POR LA AUTORA
(poesía y narrativa)
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sábado, 29 de noviembre de 2014

CURIOSIDADES LITERARIAS: Las madres de los escritores


Mamá es, tal vez, una de las primeras palabras que todo ser humano aprende a pronunciar. Con ella no solo se busca protección y cariño. También es un sinónimo de inspiración y de cierto impulso vital que buscan los bebés para subsistir en un mundo que apenas conocen.
Quienes cultivan la palabra, han encontrado en mamá una fuente de inspiración para crear los más hermosos versos de todos los tiempos. Honoré de Balzac, por ejemplo, solía decir: "El corazón de una madre es un abismo profundo en cuyo fondo siempre encontrarás perdón".
Junto a aquellos que plasmaron su amor incondicional a las mujeres que les dieron la vida, existe otro grupo de escritores para quienes la palabra mamá no podía quedar únicamente plasmada sobre el papel. Y es por eso que sus carreras como grandes literatos la hicieron en compañía de sus madres.

BORGES Y SU LEONORA
Es curioso revisar la vida del escritor argentino y caer en cuenta que en cada instante de su vida sentimental tuvo que dividir su corazón en tres partes: uno para la literatura, otro para su madre, un tercero para su pareja. Un primer testimonio de esto llega de la mano de 'Fervor de Buenos Aires', poemario publicado en 1923 en el que da testimonio de su amor por Concepción Guerrero, quien fue repudiada por su madre durante el noviazgo.
Pero no solo los amores como este sufrieron por la presencia de Leonor Acevedo Suárez, madre de Borges y quien acompañó a su hijo por más de ocho décadas. Aunque la primera experiencia marital del escritor es todavía un misterio, varios de sus amigos cercanos han relatado que Elsa Astete Millán mantenía un celo tal por su marido que incluso no permitía que pase dinero a su progenitora.

LA MADRE QUE INSPIRÓ A J.D. SALINGER
En 'El guardián entre el centeno', Salinger da ciertas pistas de cómo había sido su propia madre. Esto, claro, bajo la imagen de Mary, la muy nerviosa y enferma mamá de Holden Caulfield. A lo largo del texto ella inspira varios de los pasajes que forman parte de la vida de este muchacho. Una mujer que, según la pluma de Salinger, está encasillada bajo la frase: todas las madres están un poco locas. Si bien ella aparece con mayor fuerza en esta novela, los estudiosos de Salinger afirman que fue la misma Miriam Salinger la que inspiró a todos los personajes maternos que aparecen en sus obras. ¿La razón? Pues, según algunos, la devoción que le tenía luego de haberlo cuidado tras la participación del escritor en la guerra.

FITZGERALD Y EL DESEO DE DESCANSAR EN PAZ
"Ahora, tal vez descanse en paz". Este curioso epitafio presente en la tumba de Mary McQuillan, madre de Francis Fitzgerald. Según Fernando Torres, un estudioso de este autor, la obra del escritor estuvo estrechamente ligada a ella. Algo que se vislumbra claramente, a su criterio, cuando se conoce a Benjamin Button.

MARÍA HERMINIA, UNA MUJER IMAGINATIVA
Julio Cortázar amaba con locura a María Herminia. Ella fue la madre que le acompañó de lejos. Pero nunca fue una compañía literaria. Más bien fue inspiración para detonar historias en la mente del escritor.

La literatura como salida
Otras historias desafortunadas fueron la de Horacio Quiroga, que estuvo marcada por el suicidio de sus padres y que posteriormente se repetirían en su mujer, en su hija y en él mismo; la de Francis Scott Fitsgerald, quien aseguró en reiteradas ocasiones que odiaba a sus progenitores e incluso, siendo niño, escribió un cuento en el que asesinó a su madre y se creó un nuevo árbol genialógico que se hallaba compuesto por diversas celebridades.
La de Marguerite Duras también fue una vida de desencuentros con sus progenitores. Cuando era pequeña su padre falleció y su madre la obligó a prostituirse siendo todavía niña para mantener a la familia. Duras nunca utilizó el apellido de sus padres sino el de un hermanastro con quien la unió a su vez una relación amorosa. En su obra “El amante” pueden encontrarse muchas coincidencias entre su vida y la de la protagonista y narradora. En ella se pone de manifiesto la prostitución a la que la joven fue sometida y las consecuencias que esto tuvo sobre su vida íntima. En un capítulo puede leerse:

No podemos escapar a nuestra infancia ni a la familia que nos ha tocado; nos guste o no debemos convivir con ella, con lo que de ella haya quedado registrado en nuestra memoria y debemos acostumbrarnos a que las cosas nunca son como deseamos. Lamentablemente estos primeros sufrimientos parecen necesarios, porque es gracias o, mejor dicho, a causa de haber tenido infancias con sucesos que no deseamos recordar, que somos capaces de escribir.
Si Kafka no hubiera tenido por padre a ese ser autoritario y vil, ¿quién habría escrito esas cartas? y si Duras no hubiera tenido que pasar por el infierno al que su madre la condenó ¿qué habría sido de su obra? Entonces, podrían preguntarme, pero ¿la literatura es más valiosa que la vida de un ser humano? La respuesta es NO, pero no podemos escapar de la crueldad y las malas experiencias por lo que poner en palabras las miserias padecidas es una alucinante alternativa de convertir algo terrible en algo positivo y conseguir redimirnos o mínimamente encontrar algo de alivio en nuestras vidas.

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