POESÍA. NARRATIVA. INFORMACIÓN LITERARIA. CONCURSOS. AUTORES CLÁSICOS Y NÓVELES

Autora del Blog:
BEATRIZ CHIABRERA DE MARCHISONE


Puedes pedir los libros de la autora al mail: beamarchisone@gmail.com (envíos a todo el país)

LIBROS PUBLICADOS POR LA AUTORA
(poesía y narrativa)
"DE LOS HIJOS" (2014)- Ediciones Mis Escritos (Bs. As.)

Los encontrarás:
En Rafaela (Santa Fe): en Librerías "EL SABER", "PAIDEIA" y "FABER".
En San Francisco (Córdoba): en Librería "COLLINO"
y en otras librerías del país.


lunes, 22 de enero de 2018

"Un libro para Abel" (De la autora)

     Conciente de que mis libros nunca llegarán a manos de los artistas si no es por mi intermedio, fui al Festival de Cosquín con un objetivo: hacerle llegar uno a Abel Pintos. Sabía que la cosa no iba a ser fácil; todos quieren acercarse y esa noche especialmente, la Plaza Próspero Molina estaría colmada porque él
festejaba los 20 años de su primera actuación en Cosquín, cuando tenía 14 años. ¿Cómo podría llevar a cabo mi misión? Rondando la Plaza, descubrí la oficina donde se acredita la prensa que puede acceder a los artistas. Ingresé, como si fuera una periodista más, a ver si veía algún reportero/ conductor/ corresponsal conocido, y así darle mi encomienda para que se la entreguen a él o a alguien de su entorno. Pero no. No encontré ninguna cara que hubiera visto en televisión. Como segundo recurso, me dirigí a las organizadoras que se encontraban en los alrededores, para preguntarle si había alguna forma de hacerle llegar el libro. Una de ellas me dijo que estaban a cargo de coordinar a las personas que habían comprado su entrada por Internet, pero no tenían acceso detrás del escenario. Una tercera opción era escribir un cartel, de esos que tienen una publicidad, que te ofrecen antes de entrar al Festival, para ver si llamaba su atención con alguna frase que él pudiera leer desde el escenario, como “Abel, quiero darte un libro mío”. Fue lo que hice. Ilusa, me senté en mi butaca con el cartel en la mano, esperando que él mirara hacia allí, y lo leyera cuando yo lo levantara entre la multitud enfebrecida. ¿Qué esperaba? ¿Que me llamara al escenario? Ridícula. Así, el espectáculo transcurría y yo aún tenía el libro “Fotografías del Alma” en el bolso; pero no había perdido la esperanza. “Lleváselo al escenario”, me dijeron, “se lo das cuando se adelante a cantar”. Era muy osado. Eso implicaba acercarme al máximo, exponerme a que alguno de seguridad me sacara de un brazo, y hacerlo delante de los principales fans de las primeras filas que me mirarían con cara de qué-está-haciendo-esta-mujer. Decidí que no me importaba. Tomé una lapicera, le escribí la dedicatoria en la primera página en blanco y me levanté, resuelta a llevar a cabo mi misión. Pasé por delante de todos los de mi fila, pidiendo el correspondiente permiso y tratando de no quebrar la emoción de los que estaban concentrados en el recital, y llegué al pasillo lateral que conducía directamente a un costado del escenario, donde Abel estaba cantando “Hay una revolución…” con toda su energía y con el público saltando de sus butacas. Caminé semiagachada, para no llamar la atención y llegué a la segunda fila, donde me agaché por completo con el libro en la mano, esperando la oportunidad. Había guardias y policías que miraban, de espaldas al show,  para detener a cualquier entrometido que osara romper las reglas; de hecho, ya habían sacado a varios. Mientras, yo fingía estar en esa fila que no me correspondía; me agachaba, me paraba, cantaba un poco siguiendo a la gente. Hasta que en un momento me decidí, encaré como si volviera a mi lugar en la primera fila, pase por delante de los guardias, caminé casi hasta el centro y me acerqué al escenario justo cuando Abel se había alejado hacia otro sector. Mala suerte. Entonces, arrojé el libro lo más fuerte que pude sobre las tablas, esperando que él lo recogiera en algún momento. El ejemplar se deslizó hasta que se acabó el impulso y quedó allí, expuesto a su suerte. Y a la mía. Yo regresé a mi asiento, volviendo a pasar por delante de los guardias y conciente de que muchos me habían visto. Nadie me llamó la atención por la maniobra, pero a mí me latía el corazón como si hubiera cometido una travesura que iba a recibir un castigo. Ya desde mi lugar, observé el resto del show esperando que Abel se percatara del libro. Pero no. Le había pasado cerca varias veces, pero no lo veía. En un momento estaba cantando “Pájaro cantor”, y cuando dice “…acaso no lo ves?”, me daba la sensación que aludía al libro. Se lo quería gritar, lo cantaba fuerte con el coro de voces de la plaza, pero nada.  Él iba y venía por el escenario Atahualpa Yupanqui, lo recorría de punta a punta, le volvía a pasar cerca, pero nada. ¿Había sido mi última oportunidad? Si no lo veía en ese momento, quedaría allí hasta que alguien encargado de la limpieza lo encontrara, demasiado tarde. Así, llegó el final de la primera luna coscoína, y cuando cantó su último tema se retiró, con el fervor de la gente pero sin mi libro. Me paré sobre la butaca para ver si podía verlo, pero había muchos papelitos desparramados sobre las tablas. “Vamos”, dijeron todos, y comenzaron a encarar hacia la salida. Pero yo quería sacarme la duda. Mientras el numeroso público se retiraba, caminé contra la corriente de gente y me acerqué nuevamente al escenario. Allí estaba mi libro, en el suelo. Sin pensarlo dos veces, llamé a uno de los organizadores y le pregunté si podía hacerme un favor: “Mirá, yo tiré un libro arriba del escenario pero Abel no lo vio. ¿Se lo podés alcanzar al camarín antes de que se vaya?” le dije, mientras le señalaba dónde estaba. El muchacho se dirigió al lugar, lo levantó, y me dijo que no había problema, que se lo llevaba enseguida. Y mientras caminaba hacia el costado del escenario yo lo seguía paralelamente por debajo. “¿Se lo vas a llevar?”, le pregunté nuevamente, insistiendo, por si no tenía claro que era urgente. Él me lo mostró y me dijo: “Enseguida”. Y desapareció con mi libro mientras yo lo seguía con la mirada. Y me alejé, ilusionada y felíz.

NOTA (foto abajo)Imagen extraída de Youtube. El libro, en el suelo, durante el recital.
 
Festival País '18 - Abel Pintos en el Festival Nacional 

Abel Pintos: Veinte años en una noche con la música popular - Clarín


3 comentarios:

Hugo dijo...

No se si finalmente él habrá llegado a las manos de Abel. De lo que puedes estar segura, es que al menos a mi, tu relato logró mantenerme en vilo, hasta conocer cual sería el final del periplo en torno de la la Plaza Próspero Molina, de tu "libro viajero"

Joel dijo...

Muy bueno tu relato! Estoy segura de que tu libro va a llegar a él como un pájaro, va a detener su vuelo un instante y descansará en su mano. ¡Tener fe es la consigna!

Anónimo dijo...

SEguro está en sus manos. Dejaste tu dirección para que se contacte? Me atrapó tu relato.
Maria Cristina Fervier