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LIBROS PUBLICADOS POR LA AUTORA
(poesía y narrativa)
"DE LOS HIJOS" (2014)- Ediciones Mis Escritos (Bs. As.)

Rincones y Acuarelas I (Poesía) -2019- La Imprenta digital (Bs. As)

Rincones y Acuarelas II (Narrativa)- 2019- La Imprenta digital (Bs. As.)

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domingo, 5 de abril de 2020

"El bosque oscuro" (Por Mirta Susana Pérez) TALLER VIRTUAL 1




Después de un año de luchas  por cuestiones de enfermedad de mi esposa, decidí tomar unas vacaciones junto a ella y a mis hijos,  que ya eran mayorcitos y no tendría problemas al viajar, decidí  salir sin rumbo,  como habitualmente lo hacíamos, preparé el auto para que esté en condiciones y salimos a la mañana muy temprano a nuestra aventura .
Habíamos recorrido parte de la panamericana  y nos detuvimos a cargar nafta en una estación de servicio cuando mi hijo Federico me llama  porque vio un aviso  de que por allí  se encontraba un lago  y una casa abandonada que se podía visitar o ver de lejos. Como  veníamos medio aburridos sin saber para donde ir,  esa idea los entusiasmó, no a mí porque me pareció raro de la casa abandonada, qué íbamos a ver allí? pero cuando le dijo a  Ana, mi otra hija,  también le gustó la idea.  Entonces nos desviamos del viaje entrando en un camino  intransitable de tierra, bueno debo decir que a mi esposa tampoco le gustó la idea pero ya estábamos en marcha.  Anduvimos como tres kilómetros y no veíamos nada  hasta que llegamos adonde terminaba el camino, resultando que era una cortada.
 De allí se veía impotente una gran arboleda,  era como un bosque oscuro que teníamos que atravesar y allí no nos pusimos de acuerdo. Yo quería volver, mi esposa también, ellos, mis hijos, querían continuar. Y el que sí y el que no, al final ganaron ellos, bajándose del auto y entrando al bosque. Yo y mi esposa nos quedamos parados sin saber que hacer, el bosque era tenebroso,  mucha penumbra tenía  y lo cubría una densa neblina que no se sabia de donde era, qué raro dijo mi esposa:
-me da miedo entrar allí -
Alberto su esposo le dice -viste, los chicos bajaron y no tuvieron miedo-
Sí -dice ella; -pero donde están? no se los ve-
Bueno- dijo Alberto- vamos con ellos, no los vamos a dejar solos.
Guardaron las cosas  en el baúl del auto llevando lo necesario y cruzaron el bosque, a medida que caminaban sus pies crujían al pisar tantas hojas.
 Estela dijo: -parece que nadie cruzó antes por aquí-
 No es eso - dijo Alberto- estamos en Otoño y siempre caen las hojas-
Al internarse más,  se sentía como algo extraño, parecía que alguien los miraba , pero al volver la cabeza no había nadie, solo el silencio de esos altos árboles en soledad.
Entonces ella le dice-llama a los chicos,  adonde se fueron? no se ve nada.
 Y él empezó a llamarlos, pero no le contestaban  y por temor de ellos apuraron el paso. Casi corriendo, salieron del bosque y fueron a dar con el lago, un espacio abierto. Desde  el lago se desprendía esa especie de niebla, se quedaron un momento mirándolo y descansando de la corrida por llegar allí. A los chicos no los vieron y alarmados salieron en su búsqueda, caminaron costeando el lago mientras hablaban. Enojada Estela por la actitud de los jóvenes  y echándole la culpa a él por consentirles todo y a la vez contemplaba el lago que parecía una postal, nada se movía en él, ni pájaros ni aves ni pescados. Nada. Era como un lago muerto.  A Alberto también le llamó la atención pero nada dijo.
Al llegar a un recodo del camino vieron la casa, era inmensa, tipo colonial, se notaba el paso del tiempo, muchas ventanas estaban clausuradas con maderas cruzadas . No tenían intención de entrar, pero al llamarlos de nuevo, Federico Y Ana les gritaban de una especie de altillo que tenia la casa ;
-aquí papá! aquí estamos, suban,  no hay nadie -
Su padre no quería entrar, ni su madre. Eso de estar en casas abandonadas no les gustaba, y enojado por la actitud de ellos, les decía que bajaran, pero nadie bajó y  tuvieron que entrar ante la desconfianza que sentían.
Al atravesar la puerta, sintieron una especie de olor fuerte, como de azufre, y vieron con asombro que todo estaba  con muebles sucios viejos, llenos de tierra, tenía una escalera y supuestamente pensaron era del altillo, y subieron, Estela con mucho miedo agarrada a él, y allí dieron con los chicos que estaban como contentos de estar allí.
 Alberto insistía en irse, no le gustaba el lugar, estaban conversando allí de lo que vieron cuando sienten  un golpe en la puerta de abajo, quedándose mudos pensando que alguien había entrado. Cuando pasó un tiempo prudencial, cautelosamente bajaron por las escaleras, les pareció ver la sombra de alguien que entró a algún lado pero no sabían de qué. Cuando bajan, ven que todo está igual como lo vieron, pero en el piso había pisadas grandes de agua, pensaron  que pudo ser del  lago,  sino de dónde esas pisadas de agua. Ya asustados, decidieron salir por la puerta pero estaba cerrada y en la desesperación por abrirla le sacaron el picaporte quedándose  encerrados,  con  las ventanas del mismo modo.
Bueno- dijo Alberto- de una o otra manera vamos a salir, quédense tranquilos, no hablen, vamos a arriba a ver qué vemos.
 Y desde allí observaban, ya casi caía la tarde,  no se sentía nada,  un silencio total, pero ellos habían visto algo, estaban seguros. De repente otra vez el golpe,  esta vez más fuerte,  sintiendo ruidos de maderas rotas algo así.  Se quedaron agachados entre las sombras, escondidos  tras unos muebles viejos,  presintiendo que algo había allí.
 Con mucho temor escuchaban, se sentían golpes pausados y algo que arrastraban, y Alberto, curioso, se asomó a la ventana  del altillo para ver  si veía algo, y lo que vio lo dejó espantado. Entonces, llamó a los demás para que se acercaran y cuál fue el asombro de todos al verlo! un reptil de inmensas proporciones! mitad  reptil, mitad casi humano,  parado, que arrastraba una inmensa cola, se introducía al agua, la cara era como un cocodrilo,  con dos manos y dos patas  de grandes garras, llevaba algo en los dientes que no lo pudieron ver bien, pero algo tenía.
 El susto que se pegaron fue tremendo, y apurados y temerosos de que hubiera otro, bajaron despacio.  Al llegar abajo, vieron la puerta destrozada,  por el monstruo, supuestamente, al no poder abrirla.
Salieron sin mirar a ningún lado,  corriendo desesperados por llegar al auto, al bosque ni lo vieron, lo cruzaron  casi en el aire, ni se dieron cuenta.  Al llegar y ver el auto,  se metieron adentro y recién en ese momento se dieron cuenta de lo sucedido. Apurados por salir de allí, olvidaron algunas pertenencias que se les cayeron en el camino .
Un silencio hubo entre ellos,  quedándose como pasmados por lo que vieron  y contentos  a la vez por la suerte de que el animal nos los viera, sino estarían en el fondo del lago, como tantos que estuvieron.
Desde ese día, decidieron no salir más en travesía  y sin ganas de continuar por  ese echo fortuito, retornaron a su casa.
Tenían mucho que contar por haber  querido tener  una aventura al azar  y conocer  un bosque oscuro y una casa abandonada, custodiada por un  reptil de algún  planeta cercano, de esos que vemos en la tele que nos vino a visitar.

AUTORA: Mirta Susana PérezSAN PEDRO (Buenos Aires- Argentina)

Taller virtual 1

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